viernes, 25 de agosto de 2017

Barómetro. Húmedo amor.

Barómetro.


    Ni rastro del Sol en la  mañana aun de brazos, y mis ojos quizá brillan fosforescentes en esta noche de juguete. El viento leve y gélido coquetea, rozando el vello ralo de mi mano ociosa, y mi corazón late cálido con una paz casi estupefacta.

    La humedad me endulza el café más que una canción -aunque menos que una voz que extraño-; la depresión del barómetro eleva volutas de muda risa.

    Y entonces llueve. Y me temo que otra vez estoy enamorado.




Photo by Geetanjal Khanna on Unsplash

viernes, 18 de agosto de 2017

Going Nowhere Slow. Crónica Pedante de un Embotellamiento.

Going Nowhere Slow.

    Todo comienza con una estupidez, de quienquiera que sea y cualquiera que sea su nombre. Urbanista, Ingeniero, qué más da.

    Un túnel inundado, la única vía de salida para cientos, quizá miles de autómatas automovilistas cuya intransigencia se activa ante el cielo gris y el pavimento húmedo. Hoy tomará una hora lo que se hace en quince minutos, y la pasmosa cantidad de metal y plástico acumuladas en el camino y casi inmóviles en éste presagian 'una mañana de ésas'; y de ésas donde todo cambia y toda posibilidad tiene el interruptor en on.

    En efecto todas las reglas se anulan. Razón, Lógica; hasta la simple cotidianeidad de la cortesía en mala gana. La precaución cede el paso al pragmatismo. La consideración se pone camiseta de proscrita. Y de esa sopa acabas convertido en un fideo más. Sin embargo... cosas pasan.

    De pronto la música te pide escojas una carta, cualquier carta; apagas el segundo cigarro y vas por el tercero. Comienzas A Ver. El tipo de adelante, el del Pointer, gafas oscuras y cabeza olmeca en negativo, mira pasar a Caperucita con arrobo ferozmente lupino. A tu derecha, una treintona con expresión más desconcertada de lo deseado y menos determinada de lo planeado intenta adelantar a una titanoboa de colores como retales; parece envuelta en un vaho de casi-histeria y total intransigencia, bajo su coleta rabiosamente tirante.

    Detrás, una pareja mayor en una vapuleada, minúscula pick-up. Mirándolos por el retrovisor, envidias la seriedad tranquila de sus rostros, aunque en realidad lo que ambicionas secretamente es su 'juntedad', su "estar aquí, contigo". Porque para entonces tu cerebro ya comienza a girar en sentidos contrarios. Cerati predica y bendice y tú urges a plena voz a alguien cuyo rostro y nombre se han difuminado en las nubes grises sobre tu cabeza, o mejor dicho, sobre tu toldo; la urges digo, a cruzar el amor, usar el amor como un puente.

    Y a tu izquierda hay otro tren a escala, otros carros como cuentas del collar más feo del mundo; dentro de cada una al menos un rostro diferente a todos y al tuyo. La mitad de ellos es indiferente a tu boca abierta y tu ceño relajado mientras porfías cantando a media voz, y a las bocanadas de humo infernal, pestilente, cancerígeno y delicioso que exhalas entre estrofas y coro. Las otras caras o fingen ignorarte, o repiten el tradicional mantra: "putamadre, putamadre, putamadre", tan pertinente, apropiado y hasta razonable en estos casos.

    Así, como el tiempo mismo ha cambiado de forma con el mundo, al cabo de tres canciones y media más llegas a un semáforo, donde la condición humana y el orgullo nacional se ponen de punta en blanco. La luz es roja, pero sabes lo que pasará: como hongos, varios autos prueban fehacientes la posibilidad de generación espontánea y lo que era un crucero de pronto es una prueba de carácter y valor. En más de un sentido.

    Es bien sabido que los hombres malos gastan mostacho de manubrio y ropas negras. Bueno, pues las villanas portan una minivan o SUV blancas y expresión gélida o altanera. Algunas pretenden inspirar tu desesperanza enviando mensajes de texto, incluso. Sonríes, porque no saben que estás bajo la influencia de Kylie Minogue y cuatro dosis de nicotina y alquitrán, y que posiblemente hoy has dejado de ser tú por una de las quince horas que le quedan al día. Ante tu bobalicona entereza ceden los espinos y el camino aparece... aunque solo por cien metros. Otro cruce, otra via crucis. Y ahora también, otro tú.

    Porque como cantó Kylie: "there's nowhere else but right here, right now". Algo zen como un fantasma sintoísta ha pasado a través de tí y se llevó todo lo que había. Te has dado cuenta que no importa la hora a la que llegues ni quién eras ayer -¡qué demonios, hace una hora!-, porque después de todo no vas a ningún lado.

    Y te llenas de una certeza por la cual todos los demás aquí atrapados contigo te lincharían en masa. Ves a algunos intentar darse vuelta, retroceder de este error porque quizá sea posible, y sientes auténtica lástima por ellos porque tú sí has aceptado que el cauce y el sentido son uno y al cabo te llevarán a algún lado. Y vas cantando y fumando, y hasta has olvidado 'eso' que luchas por no aceptar, y que tu vida es un inmenso cráter amueblado con cosas viejas. Y una paz extraña y alienígena te empapa la ropa y la piel. Antes te hubieras odiado por sentirte así, pero hoy no. Porque cada vez que no usaste el cláxon, que cediste el paso y no seguiste de largo con alevosía; cada vez fuiste superior, y no a tí mismo sino a ellos, a todos los demás.

    Y sin embargo, untado de esa franca amoralidad, lo que pudo parecer un desastre o un engorro fue casi una epifanía.

    O has perdido la razón, porque ahora piensas: ¿Y si TODO pudiese ser  así, siempre? ¿Y si YO también?




Photo by Gene Pensiero on Unsplash

viernes, 4 de agosto de 2017

Lista de Sucedáneos. Remedios caseros para una Soledad sana.

Lista de Sucedáneos para llenar un Vacío:


1.- La voz de Ella Fitzgerald. O Beth Gibbons. O Lana Del Rey. O todas.

2.- Deglutir galletas con pasión compulsiva, sin el mínimo asomo de método o sistema.

3.- Retar al Universo en una ruleta rusa de inhalaciones profundas, golpes contundentes y cascadas de boca a nariz, a ver quién tose primero.

4.- Sumergirse en el trabajo con ademán melodramático, pero sin hacer mucho realmente.

5.- Decir que sí a toda proposición de juerga, aunque la posibilidad de noche profunda inspire incertidumbre. Respirar con alivio en cuanto se llegue a casa.

6.- Tocar canciones de tres acordes en el arma de elección, asumiendo que no hay tales cosas como "sinfonías barrocas", "rock progresivo" o "jazz".

7.- Seguir respirando aunque no se tenga pulso; seguir latiendo a pesar de cierta sensación de asfixia.

8.- Yacer en un sillón, mirando al vacío; inmóvil excepto por lo más necesario e imparable: cerebro, corazón e intestinos.

9.- Ver caricaturas, recitando los diálogos si es posible, hasta que toda evidencia de adultez sea efectivamente negada.

10.- Considerar la posibilidad de que realmente, esta vez sí, uno mismo ya no es suficiente para uno mismo.

11.- Desear, sin desesperar.

12.- Desear desesperadamente.

13.- Dejar de lado el miedo al propio placer. Al menos un par de veces. Al día.

14.- Desinfectar el alma con alcohol regularmente. Aplicar generosamente, cuantas veces sea necesario.

15.- Si todo lo demás falla, escribir lo que se siente; con desprecio franco a lo que se piensa.






Photo by Stéphan Valentin on Unsplash

viernes, 28 de julio de 2017

Alma de Salamandra. Mínimo juego antes de la lluvia.

Alma de Salamandra.

    
    El bolígrafo se clava en el adobe del vacío que ansía llenarse; su obstinación perfora, escarba en la inconveniencia con sardónico rasgueo. Mientras grabo palabras para retar a la amnesia de los otros o tan siquiera susurrar provocaciones, diminutos dardos revolotean. Son pequeños triunfos evolutivos, maquinitas de infalible ingeniería que zumban burlas e insultos con voces de caricaturas. Los ahuyento con pequeñas llamas azules, letales arcos eléctricos, y encaro el siguiente reto.

   
     La mujer viene en busca de su pulpo, o un automóvil; o quizá un gato o sabe Dios si una imagen cualquiera que vive sólo en una nube de su mente. Le hago pases mágicos, la deslumbro con luces y cuentas y se va tarareando complacida; quizá de haber interrumpido la sangría salvadora de mi exhasperación.


    Y luego es el demonio compacto que usualmente viaja en mi cadera el que chirría, tal vez enojado porque lo he desterrado a la mesa. El trasgo coreano imita voces y elige ahora una de las que me han llamado en diminutivos y epítetos por igual; me habla de la inminente tormenta. In mente, yo también comienzo una borrasca de frustración narrativa.


    ¡Y las palabras que hoy se arrastran, que no llegan! Yo aquí, queriendo hablar de femmes fatales; de ojos claros u obscuros; de cosas que rebotan en los confines del pecho; de iras como llamas de fósforo o fuegos eléctricos; de criaturas imposibles que reptan, o vuelan, o miran por las ventanas. pero las voces en mi cabeza no sugieren nada remotamente impío siquiera.


    Sin embargo llueve. Y ese olor que narcotiza es como siempre mi drosera favorita, mi venus atrapamoscas mascota. Quizá cuando el breve milagro del hidrógeno y el oxígeno salpica, despierta en mí un alma de salamandra feliz.


    Es cuando llueve que : el mundo sigue aquí, y sigue igual; y me es fácil creer que estoy bien.




viernes, 21 de julio de 2017

Flor de Fuego. La ociosa descripción de una mujer de luz.


Flor de Fuego. Una fotografía sin título.


    Tus ojos hacen promesas, grises motas verdosas, diques de palabras. Tu pelo rojo rabioso llama sedosa, telaraña de fuego donde ideas y sueños yacen en sus capullos.

    Y te cubre una piel de leche, ciñendo aquello de lo que están hechos los sueños húmedos. Llevas una sonrisa atrapada en los labios que rehúsa mostrarse, como esperando un pretexto, o exigiendo tal vez una chispa de adoración lasciva en mis ojos ordinarios y sedientos.

    Un aura de encaje del color de las uvas oscuras te cubre suficientemente escasa, provocando un ansia curiosa y lúbrica; injusta, burlona provocación en forma de parábolas y elipses y esferas, colinas, valles, pasturas de vello transparente.

    Y eres una luna en cuarto menguante, un arco de alabastro suave lanzando flechas untadas en curare: tu ser en femenino absoluto; tu fuerza vital de céltico, arcano abolengo; tu erotismo contenido y aprisionado en pixeles.

    Existes y no; la cámara te ha transformado en ninfa y objeto; incapaz no obstante de robar tu alma. Luego entonces serás sueño, nada más. Olvidable quizás, pasajera; pero aun inasible, una llama al rojo blanco, rojo y blanco en ojos y cerebros pervertidos o dolientes, ansiosos o ilusos. Eterna y efímera, reducida a ceros y unos, pero joven para siempre; y los bytes y pixeles contarán una historia de belleza y juventud indómitas en incierto parasiempre.

    Y como llama que eres, como magnesio y fuego, tal cual quemas brevemente; mientras tanto un hambre de ti detona una suave avidez de tocarte, de saberte y conocerte; de ser un felino enorme o un lobo de fábula nadando en láctea seda. 

    Para después guardarte en una caja que diga: "Nada, nunca".




Photo by Yaoqi LAI on Unsplash

viernes, 14 de julio de 2017

Licántropo con escamas. En vivo y en directo.

    Siento que de vez en cuando la vida puede consistir únicamente en recordarse algunas cosas. Pequeños y efímeros trucos para hacer el Mundo diferente y precioso por un momento.
    Aunque no dejes de sentir el apremio de tus cosas, de tu vida verdadera, de tu rutina asesina; conviene entregarse a la alucinacion de que los días podrían ser así como hoy. Para siempre, por qué no.
    ¿Por qué no? Porque sabes que tu día a día es un vicio. Porque la resignación puede ser el catalizador de la inconformidad. Porque hay mucho que no has cosechado en tu planeta de origen, y aun más que falta por sembrar. Porque no tiene ningún sentido recompensarte a cambio de nada.
    El egoísmo entonces se convierte en una puerta que se abre en dos sentidos.
    Mañana volveras a la llovizna inoportuna de la realidad. Pero antes, te quemas los hombros con alegre irresponsabilidad, con abandono infantil casi olvidado.
    Y al fin consigues una sonrisa más limpia y honesta, para llevarla contigo hasta que se desvanezca de tanto usarla...

viernes, 7 de julio de 2017

Una Musa dedicada. Hermosa sombra.

Una Musa Dedicada. (Ezis, hija de Nix).


    Ya no recuerdo desde cuando llegaste. Un día así, como si tal cosa, ahí estabas. No sé cómo fue que me encontraste, o por qué a mí. Solamente sé que aquí estás, tiñendo momentos y matizando el brillo de algunos, de muchos recuerdos.

    No tengo miedo de admitir que a veces te odio, y otras quiero odiarte inútilmente. Mas a veces cantas, y tu voz es dulce como el recuerdo de los besos; y la luz azul de tu canción baña las cosas de inocencia.

    Pero eres tan posesiva. Me embaucas con hechizos y espejismos, murmuras con dulzura palabras que me gustan; haces pases hipnóticos que ondulan entre renglones, deslizándose por los párrafos como zarcillos impertinentes o cabellos de Medusa.

    Ocasionalmente dejas correr el carrete y puedo dejarte atrás; en momentos como éste puedo bucear en la sospecha de que siempre me esperas en casa; quizá acurrucada bajo la mesa, abrazando tus rodillas con paciencia infantil. O tal vez te metas en la cama que compartimos cada noche y te toques pensando en mí. Probablemente mientras esperas, sacas los álbumes y acaricias las fotos de mi Madre muerta para que te sienta al verlas.

    Y no es que no hagas cosas por mí. Eres de hecho una musa dedicada y eficiente. ¡Hay tantas cosas escritas que me dictaste al oído!

    Pero Ezis, querida... tu amor me está matando.

    Cierto, sin tí hubieran sido días, tardes, noches diferentes; meses o años diferentes; yo mismo no sería éste que amas y celas. Pero mira: la sombra bajo mis ojos va más allá de la herencia; mi frente quiere crecer más cada día; la trama indomable de mi pelo se deslava. Y apuesto a que hay algo tuyo en mis ojos que los demás ven pero no logran explicar.

    Tú eres eterna, hermosa sombra. Yo comienzo a aferrarme a un tiempo cada vez más delgado, más ralo. Los minuteros ya pasaron de mi media hora y cada vez me cuesta más detener el segundero.

    Ahora la balanza se nos inclina, amor. Ve y encuentra a alguien más. Hace mucho que debí encontrar otra musa, y ¿quien sabe?, tal vez ya lo haya hecho. Tal vez no. Tal vez puedas volver más tarde...