viernes, 19 de agosto de 2016

No hay nadie. Parte 1.

NO HAY NADIE.

1

    Alargó la mano y buscó el botón que detendría la minúscula conflagración ocasionada por el despertador sobre el buró. Alguna vez incluso se había detenido a pensar en cómo el cuerpo se educa para hacer esas cosas aun dormido, como el sentido que te permite tocarte la nariz o rascarte el costado sin necesidad de mirar.
    Se sentó en la cama y se permitió estar así por uno o dos minutos, intentando sentir cómo se ajustaban respiración y circulación, y luego se estiró bonachonamente, con un gruñido que pareció atronar en la temprana mañana. Luego siguió la habitual y casi milimétrica costumbre de poner a calentar agua para el café y darse un ducha, de manera que al salir la tetera comenzaba a pitar. En algún momento, al encender el estéreo para escuchar música mientras se vestía, un rincón de su mente pareció dar la alarma; algo raro, algo que faltaba. Lo cual sin embargo, no fue suficiente para detener la masiva rueda de la rutina.

*

    Fue como un '¡ding!' Como si una campana pequeña hubiera repicado dentro de su cabeza. Levantó la cara y apretó inconscientemente la carpeta en su mano contra sí, aunque la otra mano dejó bajar sin prisa el portafolios hasta el suelo. No había vecinos a la vista. Ningún carro bajó por la avenida con visas de llevar a bordo un conductor con retraso. No escuchaba perros ladrando o buscando árboles o manchones de césped. No había pájaros trinando ni volando. Y quizá esto último no fuera tan especial en una mañana algo fría, pero que no hubiera nadie, ningún ser humano o evidencia de uno, eso sí era extraño. Más que nada lo raro, lo absolutamente diferente era la naturaleza del silencio resultante. No era como el silencio de la madrugada que hacía que incluso tu respiración pareciera estridente pero al fin se interrumpía al pasar un auto, o con el ruido de algún perro o gato en alerta. Este silencio debía ser como ese que hasta entonces muy pocos miembros de la Humanidad Urbana había sentido realmente. El silencio de ser el único ser vivo en varios kilómetros a la redonda. Pero mayor.

*

    Para cuando llegó a la oficina ya estaba más que claro que todo era diferente esa mañana. Y sin embargo, todo también seguía cierto curso normal. En su cubículo, sobre el escritorio, el trabajo lo esperaba, pero no había nadie en los demás espacios, ni Rita la recepcionista ni la chica que la reemplazaba en ocasiones. Todas las computadoras encendidas e incluso corriendo programas ordinarios y de uso regular. Pero ningún trabajador, ningún supervisor, gerente, mensajero, cliente o personal de limpieza. No había nadie. Con plena consciencia de estar viviendo un momento extraordinario, y extrañamente calmado, se sentó en la silla y comenzó a trabajar.




    Con el paso de los días fue aprendiendo cosas nuevas. Por ejemplo, el jueves, un tanto confundido y otro tanto apenado, sacó la bolsa de basura puntualmente, media hora antes de que pasaran los basureros batiendo cencerros con su saña habitual. Cuando regresó la bolsa ya no estaba, por no mencionar las... otras bolsas que, entonces se dio cuenta, alguien debía haber dejado antes. Alguien, ¿pero quién? ¿No se suponía que ahora era el único habitante del mundo, o al menos de su colonia? ¿O del país, o... del mundo? Ya no había nadie.

*

        Nunca realmente tomó la decisión de vivir solo. Como muchas veces sucede, todas las circunstancias y hechos y situaciones simplemente se combinaron en una vida simple, ni más ni menos de lo necesario y aun de lo superfluo. Pero nunca auténticamente se paró a reflexionar cómo sus contados amigos fueron tomando su rumbo, cómo sus vidas se tornaron de convergentes a paralelas y luego absolutamente divergentes. No fue sin embargo hasta "Esa Mañana", ese día particular y específico, que notó la desconcertante desaparición de sus tres mejores amigos, hombres y mujeres tan cercanos como hermanos. Fue llegando a ese punto cuando la resignación comenzó a colarse, lenta pero seguramente. No había nadie más en el mundo. Nadie.




    Al principio le pasó por la cabeza actuar como en esas películas postapocalípticas y volverse loco de egoísmo; hacerse de cosas tanto necesarias como banales. Por supuesto por un par de días entró en pánico al pensar en cómo conseguir lo más indispensable: agua, comida, energía. Pero eso pasó también cuando con el correr de los días la única suspensión evidente fue la de la vida animal. Al cabo como todo ser humano, se acostumbró y adaptó perfectamente al estado de las cosas. Nada mejor para ello que continuar con su rutina de todos los días, ir a trabajar -aunque, ¿para quién?- salir a caminar por el vecindario desierto -sin notar el estado desconcertantemente fresco de un pedazo de excremento de perro que debía llevar un par de meses a la intemperie-, ir al banco, retirar dinero, pagar los servicios que no estaban domiciliados. La futilidad de todo eso no lo preocupó después de un tiempo, lo tranquilizaba, y sabía que sin ello comenzaría a pensar y a sentir y al cabo enloquecería. Comenzó a concentrarse en esas cosas después de una semana del Descubrimiento, cuando intentó contactar a alguien, quien fuera, por redes sociales y descubrió que los perfiles ya no existían en unos casos, no podía acceder a otros y los nombres de sus contactos en el celular eran literalmente ilegibles. Eso, si no otra cosa, afirmó la certeza de su singularidad absoluta. Con las manos temblorosas, borró los únicos datos que aun aparecían en las pantallas tras intentar acceder: los suyos. A continuación tomó el teléfono celular  y lo echó a la basura, misma que desapareció junto con toda la demás a la mañana siguiente. Como siempre aunque no hubiera nadie para llevársela.

*

    Así se fue el tiempo, la resignación condensándose cada día en una pasta cada vez más cómoda hasta asentarse, imaginaba, como una solución en la cual sumergirse; tibia, confortante. No podía desprenderse de la idea de estar dentro de una cápsula de amniótica soledad. Era un poco como flotar a la deriva en una piscina, aunque el vago pensamiento de que esa piscina en realidad era un océano muerto sugería un principio de terror. Su empeño en llevar una vida 'normal' era entonces y evidentemente la balsa que constituía el fundamento de su cordura. Trabajar, ¿para quién? Para la única persona en el mundo que quedaba con vida. ¿Para qué? Para tener un propósito, una razón de ser y estar. Ni pensar en permitirse indagar en el único y más grande misterio de su presente existencia: por qué todo seguía igual en el mundo a pesar de ser su único y último habitante. Asumió originalmente que después de todo quizá para eso estaba hecho el mundo como era, para continuar igual aun despues de que los humanos lo hubieran dejado. Poco a poco, sin embargo, esa bola de ligas en su cabeza se fue haciendo grande.




    Y fue entonces, cuando esa idea creció en tamaño y volumen dentro de él, que empezó todo.

CONTINUARÁ...

viernes, 12 de agosto de 2016

Noches huecas. Un lapsus de escritura casi automática.

Corona de Orégano.
    

    El humo sube, cascada antigravedad, y modela los sueños que se avecinan, ahuyentados aun por la luz artificial. Mientras, el cuerpo ya posa para una ilustración defectuosa de un Poe desincronizado: el sillón es colorido y absurdamente contemporáneo, las ropas demasiado brillantes, el vello facial prácticamente inexistente. Lo único correcto es la fiebre neuronal, miscroscópica tormenta en apoteosis y cacofonía.
    Pocos saben, suponemos, la silenciosa hazaña que es canalizar ese torrente de palabras e ideas, de nombres y adjetivos, imágenes y sentimientos que dan bandazos hacia lo sublime y lo ridículo. O cómo se solaza uno en la arrogancia y se avergüenza de la propia simpleza.
    A veces se logra atrapar el hada al vuelo, y otra y otra, y acaban formadas en líneas rúnicas para conversar entre ellas; a veces incluso su cháchara tiene sentido. Pero no ésta noche. Hoy el papel será mudo y las cosas que pululan adentro girarán sin control, sin Escila ni Caribdis y sin llegar al puerto de los ojos; sin intentar la burda explicación de las revoluciones del alma.
    Y el pobre simio vestido fumándose los minutos conocerá lo peor de su maldición: quizá hoy no sirva para nada, incluso con la pluma en la mano. El magro testimonio de su sulectiva valentía está ausente, la musa en la cama con alguien más disciplinado; hoy te toca la corona de orégano.
    Será, dijo Scarlett, mañana. Hoy toca mirar el humo que sube, como un fantasma inexperto en un ensueño, modelando los sueños que pasaron de largo por una noche.




viernes, 5 de agosto de 2016

Vida y Amor. De vuelta en el camino.

Una Orquídea Venenosa.

    Y aquí estoy de nuevo bañado en la risa; rehén de cincuenta obsesiones, jinete de la neurosis. Sin poder evitar sonreír a los extraños porque acaso sean como los amigos de siempre.
    Espoleado por el tiempo indolente, finjo angustiarme cual conejo blanco. Y aun así me embebo en los rizos y cabriolas de los días, en los guiños cómplices de las cero horas, y es como si siempre fuera el día de la marmota.
    Se que un día las ancianas dirán: ¡cortemos aquí! Pero sospecho y deseo con risa contenida y mal disimulada que sus manos tropiecen si no lo han hecho aun. Ya he sido el Héroe Escurridizo, después de todo. "Nada parece matarme, sin importar cuánto he tratado".
    La vida gira como una hermosa mujer ebria, y en efecto los granos de arena bailan al son de la gravedad. Pero estuve en los brazos del amor casi perfecto, las noches asmáticas no borraron las caricaturas o los cuentos; ví mis brazos crecer y ralearse con vello, oí mi voz ir del soprano rasposo al barítono histérico y... aun espero lo demás, Sra. Genética...
    He sido amado sin apenas notarlo, y he hervido una y más veces en el curare del amor no correspondido. Dos veces fajé con la Muerte y aunque no se cuanto le gustó, si se que me perdonó la vida.
    La soledad es una broma ensayada frente al espejo mil veces. El amor, una orquídea venenosa y el miedo más grande del lobo estepario, y con él relleno mi bolígrafo, y hoy lo vuelvo a sentir susurrando tiernas amenazas, haciendo torvas promesas que quizá no cumpla.
    Y entonces sigo aquí, restañando los cortes en el pecho con ingenua y simplona esperanza, masajeando el corazón por si lo vuelvo a necesitar. Silbando Fly me to the Moon en el tono más melancólico posible, con el pequeño rictus descarado que provoca la memoria de su risa grabada en las neuronas reservadas sólo para ella.
    Hoy vivo más, y quizá por ello muero un poco más rápido. O acaso sea un ciclo obstinado de muerte y renacimiento, nacimiento y deceso, vida y muerte en vida mientras en el pecho se cierran y se abren las valvas del corazón.
    Deseo tanto el abrazo tibio, las manos suaves y algo regordetas domando mi aspereza, o más aun, la rugosidad de mi coraza. La comprensión, el complemento, incluso la contraposición. Me entristecen empero los quién, los cómo, las causas y las consecuencias. La improbabilidad, debo insistir, de lo imposible. La paradoja exhasperante de la cercanía disimulando la inefable distancia.
    Y por lo tanto aquí aun, el rostro quemado acaso por el sol, acaso por el viento helado de mi estepa personal. La sonrisa auténtica, pero tensa porque contiene todavía algo de dolor. La cáscara del corazón agrietada, pero sin saber si habrá un motivo alguna vez para que empolle.
    Los puentes están reconstruídos, las naves de negros cascos flotan de nuevo. Las manos abiertas, los brazos listos.
    Estoy vivo. Como siempre, como nunca en toda mi vida.


"Nothing seems to kill me, no matter how hard I try...". Soundgarden. Blow Up The Outside.




viernes, 22 de julio de 2016

Precaución: Superficie resbalosa. Dos galletas de miel.

Ese Pretexto.

    Disculpa si no hablo de amor, toda mi vida ha sido menos difícil sólo sentirlo. Pero está presente en todas las palabras, aún las más vanas, las cotidianas; en las rebuscadas vueltas de mi diario delirio, circulando atrapado entre las venas del diálogo inocuo.
    Está en la luz que reflejas hacia mis retinas, es el mismo contraerse de mis anodinos iris. Es la radiación que envenena mi soledad.
    Es el sonido mismo de los días; holas alegremente casuales y adioses seimpre trágicos; es tu risa que reverbera por siempre y para siempre en los rizos del cerebro y los compartimientos de la memoria.
    Está en mis gestos contenidos. Conforma los átomos de las sonrisas sinceras. Late inconfundible en cada espasmo de todo segundero alrededor de nuestras coincidencias.
    Así que no te confundas. Está ahí, donde estás. Y está en mí, guardado y latente, contenido pero queriendo brotar.
    Sólo necesita un pretexto para salir.
    Tú eres ese pretexto, el mejor, el único posible.
    ¿Dónde estás?


"...I keep, keep bleeding love". Leona Lewis. Bleeding Love.








Diente de León.

    Las palabras pesan entre mis dedos. Las metáforas y otros rodeos, los eufemismos que uso como escudo son inútiles, resbalan por la hoja como gotas de aceite.
    Me muerde la impaciencia más venenosa, a mí que solía ser tan malditamente paciente.
    Siento que el corazón hace fisuras en su jaula de hueso, habiendo roto el caparazón que le forjé a medida.
    Tentáculos hambrientos te buscan en la tierra, y me sé un monstruo -ay, ¿me harás decirlo?- terminalmente enamorado, deshauciado en el ansia de beber tu alma.
    Me duele el tiempo perdido.
    Me tortura la ventana cerrada.
    Y daría mi posible reino por robarte a la gravedad y devolverte la sonrisa que perdiste; abrir tus ojos y mostrarte como eres a los míos, revelarte cómo das sentido al mundo con el diente de león de tu belleza.


"It's your thrill, it's your wonder, it's your will, it´s your way home". Veruca Salt. Shutterbug.




viernes, 15 de julio de 2016

Un respiro. Tierra mojada, lobo mojado.

El Lema de Estos Días.


    Sentado, mirando las nubes agolparse. Tratando de esquivar la meliflua marea, sorteando la luz, el calor.
    Posado tranquilo, la pluma ni siquiera tamborilea sobre la hoja. Resistiendo la urgencia de prometer y jurar, de enumerar y hacer el recuento de lo que el pecho apenas puede contener.
    El sol se apoca, se amilana y parece protestar tras el velo intransigente de sueños grises y azules. Ese algo que susurra lluvia reemplaza al oxígeno e intoxica el alma, sedando el agobio.
    Quieto, casi inmóvil; concentrado en domar las palabras, los verbos, y sobre todo la miríada de adjetivos que se ocurren acerca de ella.
    La luz se transforma sobre la página y sobre el mundo mismo. Los contornos se suavizan y lo que antes brillaba en el ardor y vibraba en una tiranía perennemente luminosa ahora se acurruca plácidamente bajo un techo de vapor y nostalgia.
    Sereno por fuera, agitado por dentro, postales armónicas de mi veintena de años ayudan a contener esta hemorragia, esta cacofonía en espirales que oscilan dando más y más rodeos al lema de estos días: el corazón quiere lo que el corazón quiere.
    En calma, sentado, oliendo en el aire las mil promesas de mil y una tardes más como ésta. Deseando los deseos, soñando el tiempo en que el vacío no esté entre mis brazos; adivinando la música de sus risas y mesando el silencio de sus lágrimas.
    La tarde envuelta en su capullo de nubes comienza a mutar en la más hermosa mariposa nocturna.


"Talk to me like lovers do...". Eurythmics. Here Comes the Rain Again.


viernes, 8 de julio de 2016

Recaida. Pajaro esmeralda en una cajita.

Si tu no me quieres esta bien,
tengo una boveda
con suficientes dias languidos,
tardes de piel humedas
y noches de fuegos fatuos
ahorrados para despues.
Solo me intriga saber
cuanto valdrian para ti;
ya conozco su valor
en tu ausencia.
Y las cuentas no me cuadran.

Aqui entre nos.

    Me mire a los ojos, hace mil siglos en otra vida y jure: no mas. No hay mas palabras untadas con su nombre, no mas aullidos camuflados a la luz de sus ojos alegres. Basta de coleccionar canciones, de guardarlas para contarselas al oido. Estar-con-quien-si-me-quiere fue la consigna de moda.
    Me probe el disfraz de satiro, me bañe en tibia negacion. A cada recuerdo volvi la cara; bebi de la solitaria lujuria como nunca antes. Tome la Peor Medicina y me asome al Infierno, curioso, llamando a Lilith con todas mis fuerzas.
    Ante la imagen de ella siendo adorada en otro templo, en otro pais, esgrimi la sonrisa ciega, el mejor cinismo punk de mi repertorio, y desee que fuera tan feliz como yo no pudiera.
    Menti y falle.
    Aun oigo las canciones y aun las guardo. Todavia ansio que todas sus palabras fueran para mi, sigo bebiendo del recuerdo de su risa. Tan metaforica como valiente como absurdamente, conservo un pajarillo verde en la caja que me presto Pandora.
    Puedo negar que siempre he sido de su propiedad. Puedo recordarle al espejo cada dia: "ella no piensa en ti". Tengo demasiada practica.
    Asi que aqui entre nos, siempre llevare esa llama quemando el centro del pecho. Seguire paseando arriba y abajo de su muro de cristal, venteando, gimiendo y aullando a la Luna. Aunque hace tanto tiempo su voz no aisla al mundo, si llama ire corriendo.
    Veran, tiene su logica. Si algo no cambia en treinta años, no es factible que cambie en tres.
    Aqui entre nos. ;)

viernes, 1 de julio de 2016

Sueños, fugas. Evasión es la Consigna.

Soñar el Rompecabezas.


    Es como el tañer de una campana imaginada: una resonancia en el pecho, muy adentro, que me pide explorar el silencio. Dejar de luchar contra la Vida en el Vacío.
    Ojalá supiera el sustantivo correcto; desearía conocer la naturaleza de la búsqueda o al menos su propósito. Lo único reconocible es un hambre, tan grande que es imposible saber dónde empieza o acaba en mí. Como algo robado; el espacio vacío hurtando aire incesantemente, latiendo de día y vibrando de noche.
    Y nada llena esa ausencia casi ectoplásmica, ni las voces de algodón ni las guitarras lujuriosas. No se llena con luz pulsando en formas redondas ni con fantasmas de piel sudorosa. Tampoco con texturas o viscosidades, ni con estos chillidos de murciélago extraviado.
    Y por tanto permanezco quieto, callado, cerrado. Nada debe entrar o salir. Intento dormir en el pantano del ahora, soñar el rompecabezas para que cobre sentido en el absurdo, en lo imposible y lo improbable. Sea solución o paliativo es lo que se antoja, lo que asemeja seducción: soñarme en silencio para averiguar quién soy ahora.

"...Feelings are intense, words are trivial. Pleasures remain, so does the pain...". Depeche Mode. Enjoy the Silence.




El Primer Paso.


    Cerró los ojos y aspiró el aire de su casa una última vez. Lo dejó entrar libremente, con suavidad, dejando que las moléculas vagaran a su antojo por los alveolos, el olor de lo cotidiano diciendo adiós, y él lo interrumpió expulsando el aire resueltamente.
    Recogió la mochila y se palpó los bolsillos. Satisfecho, se colgó el bulto y comenzó a dar el primer paso. El ramalazo de dolor y culpa fue como un calambre, agudo e inesperado, y una vez más sintió cómo su alma misma resbaló desde su pecho hasta los pies. Algo creó un vacío súbito en el centro de su cuerpo y su contenido anterior se agolpó en la garganta, pero él ya sabía que eso era inútil. La humedad fracasó en llegar a sus ojos; el golpe de estado de sus dudas y miedos falló más bien miserablemente.
    El mundo entero, la realidad misma contuvo el aliento cuando su muslo se contrajo y lloró horrorizada al sentir el silencioso terremoto de su pie al bajar y tocar la tierra por la primera de un millón de veces, o más.
    En los siglos que precedieron, nadie jamás pudo saber que fue en ese preciso germen de tiempo cuando él partió irremediablemente, por siempre y para siempre; veintiocho centímetros más lejos de lo que jamás podrían imaginar. Sólo bastó un paso para destruír el universo y comenzar otros, muchos más. 

"The highway's jammed with broken heroes on a last chance power drive. Everybody´s out on the run tonight but there's no place left to hide...". Bruce Springsteen. Born to Run.