martes, 26 de noviembre de 2019

Palabras Correctas. Tesoros silenciosos.

"If only I'd thought of the right words
I could've held on to your heart...".
Robert, at al, breaking pictures apart.



Palabras Correctas.

Diría que se me terminaron las palabras, pero ni yo soy tan ingenuo. Es sólo que todas las que tengo describen sus ojos y el recuerdo de su beso. ¿Para qué usarlas ahora, otra vez, entonces?

No me gusta cuando las palabras se visten de pretextos, aunque sean razones. No las doy, ni las cargo conmigo. No me asumo culpable cuando el juez de mí no soy yo. No te culpo cuando los crímenes son comunes a ambos.

He visto tesoros silenciosos, y los guardo en un cofre de carne y huesos. Nunca romperé un silencio si no sirve un propósito, si no es para decir 'te quiero'; si no es para reclamar justicia o matar un monstruo inoportuno. Si me pides que guarde silencio lo haré sumiso; si me exiges callar gritaré más fuerte que tú.

No, lo que me falta es un tema, una razón que no sea un sollozo estúpido, una queja ridícula. Otro que no sea mi pecho drenado de sangre. Otro, que no gimotee sobre sueños muertos.

Necesito palabras con olor a sábana; epítetos de ebrio feliz, carcajadas horribles en lugares que la luz tema. Quiero palabras como 'pecado' y 'amnesia'; refinadas obscenidades; palabras que quemen y que mojen.

Quiero lanzar risas de mis manos, como ases y cuatros y reinas de espadas, de bordes afilados pero dibujos asombrosos.

Y quiero tomar también esta tristeza, obstinada en volver, y escribirla coraza; y no dejar que nadie más visite mi celda, ni el mismo día en que me cuelguen por pura lástima.

Balbucear sobre héroes formidables. Vomitar el ácido de mil monstruos horribles. Nada que ver con miradas lánguidas y rosas de fuego prendiendo en sabe qué partes corporales. No más saborear nombres inverosímiles, ni ojos que derriten los barrotes de la jaula. No más, nunca más, labios suculentos ni lenguas intrépidas.

No quiero sentir nada si no soy sentido a mi vez.



Photo by Catherine Heath on Unsplash

viernes, 25 de octubre de 2019

Plegaria. Que vuelva.

"... I see the doorway of a thousand churches...".
Peter Gabriel.


Plegaria.


Que vuelva el silencio de los días sencillos, y los murmullos de héroes diminutos en mis manos inocentes.

Que vuelva también tu cuerpo, real y verdadero entre mis brazos otra vez vacíos.

Y que regrese el mundo a cubetazos tibios, y todas las cosas nuevas creciendo como hongos tras las lluvias.

Que regrese el alcohol, y las palabras alegres de la intoxicación y los días de vida sorbidos desesperadamente.

Y que retornen los nombres de niñas y mujeres, y vivan en el agridulce del recuerdo y el hubiera, el quizá y el nunca.

Que tu beso, que lavó los años de sed y prendió mi alma de tu aliento retorne también.

Que la agonía del placer regrese asimismo, en la mente y en el cuerpo descubriéndose, esta vez a salvo del miedo y cobijado por el secreto, mas no por la vergüenza.

Que siempre vuelva el volumen, y el acorde todopoderoso; y el ritmo como un corazón cantando vida mientras enfila sus pasos diarios hacia el fin decretado.

Que regrese el amor, a cuentagotas y a presión; lleno de palabras susurradas en celdas de silencio. Que regrese aunque duela, porque también en dolor se está vivo y se ama.

Y que vuelvan el sol y la luna; y la luz insolente y las noches eternas; la humedad y la tibieza del abrigo en el hechizo del viento y la nieve. Que vuelvan tantas veces como sea posible.

Que haya todavía aliento para murmurar tu nombre en la oscuridad; y que la memoria de suspiros y sollozos permanezca engarzada y firme en su lugar.

Y al final, que no muera yo sin llevarme el color de tus ojos impreso en los míos.

Así sea.




Photo by Kristoffer Jensen on Unsplash

viernes, 11 de octubre de 2019

Flotar entre las Horas. Un día.

"These are days you'll remember
Never before and never since
I promise".
Natalie and the Maniacs.


Flotar entre las Horas.

Entonces quizá este es uno de esos días en que te levantas con las fracturas menos rotas. Uno de esos en que pierdes la conciencia del tiempo desgranándose como terrones de mundo que caen al espacio.

Onceavo día, décimo mes; lo mismo da decir, "todo igual". Aun así, todos los músculos trabajan, todas las chispas viajan por su raíz. Es el día más especial de los días ordinarios, y viceversa.

Un día para buscar tréboles, un día para extrañar unos ojos. Luz y sombra para nadar en ellos, como una piscina a desnivel. A veces conviene sólo deslizarse y otras no hay más que saltar desde lo más alto y ser bomba humana y estallar sin nombrar nombres ni lugares.

Un día para trabajar sin prisa, o simular que te importa el trámite absurdo de ser productivo. Para cantar sin testigos, para morder las manzanas acariciando serpientes. Un día para ignorar adagios, cifras, acrónimos.

Sólo Dios sabe qué es el quinto día, o si es el sexto en realidad. ¿Qué pueden importar las reglas o las buenas costumbres? ¿Quién me va a dictar las instrucciones? No serás tú, ¿o sí? No, con tantos ladrillos de silencio trazando los días, ciertamente.

Y es también un día para callar, y para susurrar, y para decir en voz alta lo que jamás diremos al otro. Ninguna palabra pesa tanto como su vacía gravedad. A veces basta con el vuelo de una mirada. Otras sólo se anclan con una caricia, deliberada o accidental.

Lo que importa entonces es el día, tanto como ayer y mucho más que mañana. Es un día mío, es tuyo también, y es de quien quiera tomarlo. Sólo hay que dejarse flotar entre las horas, porque ese es el propósito de un día cualquiera: venir, estar e irse.






Photo by Tienda Bandera on Unsplash

jueves, 26 de septiembre de 2019

Que El Silencio Sea Todo. Un código secreto.

"And the sign said, 'The words of the prophets
Are written in the subway walls
And tenement halls'.
And whispered in the sounds of silence".
Simon, with Garfunkel.


Que El Silencio Sea Todo.


No sé medir el valor del Silencio.

Una pequeña implosión derrotando la tensión del agua, y eso es el Silencio: ondas concéntricas rizándose sobre sí mismas del centro a la orilla.

Sin embargo los silencios tienen su propia manera de decir cosas, ¿no es cierto? Será porque tengo oídos que no noto su lenguaje; o mejor, o peor: ignoro cómo no escuchar.

Hoy, ahora, no puedo evitar preguntarme. Si las ondas sonoras se convierten en chispas cerebrales, ¿existe un órgano para entender su ausencia?

¿Amas exactamente igual a alguien aun si no escuchas su voz?

¿Vale más no decir nada si sabes que es igual callar que increpar?

Hay tantas cosas en el vacío del Silencio, como planetas y objetos de hierro, piedra y gas y luz, nómadas en lo negro, que no podemos ver. Pero sabemos que están ahí, ¿no es verdad?

Acaso el secreto para saber lo que dice el Silencio sea callar, prestando atención. O escuchar, sin decir; el roce de la piel, el aliento en sus mareas; los latidos intentando sincronizarse en tímida charla; y separarse, vivir también y al mismo tiempo en la esquizoide nada de las pausas entre una cosa y otra y otra. Decir lo que se siente, y luego sentir lo que no se dice; volverlo un código secreto que habla no hablando; que es universo implotando; gigante roja a enana blanca: menos luminoso, más denso; más sí mismo.

En realidad, espero el día en que el silencio nazca del haberlo dicho todo. Deseo poder decirlo de una vez y para siempre, y que esté lleno de tiempo, y de noche; de saber que este rompecabezas está resuelto y que las piezas faltantes no necesitarán llenarse con palabras, o que estas se dirán por el amor a hacerlo.

Que el Silencio sea, al fin, Todo lo que No Es Nada.



Photo by Brett Jordan on Unsplash

viernes, 6 de septiembre de 2019

Silencios Atentos. El Deseo es Hermoso.

"Oh, but a man never got a woman back,
not by begging on his knees...".
Uncle Leonard.


Silencios Atentos.

Doy a mis párpados la pausa del silencio, porque mis ojos están hambrientos. La grieta, el último barrote en la jaula de mi pecho -en reconstrucción-, amenaza con ceder. Una aguja entró e inyectó calor al nuevo hielo, y se derrite.

Las manos se me ignoran entre ellas: una aferra, la otra se alza con miedo protector. 

Ninguno de mis sentidos es confiable.

Un millón de significados se ahogan en mi garganta, aunque la palabra sea sólo una.

El día entero es de malabares con las horas; de silencios atentos para intentar escuchar con la memoria.

Todos mis dones detectivescos fallan otra vez; todo mi instinto se ha oxidado con el rocío de las noches, de nuevo vacías.

No conozco arte marcial que me ayude a resbalar por esta pendiente con elegancia. Sólo puedo concentrarme en no caer, o esperar una razón para hacerlo.

Así que cierro los ojos y entrelazo las manos; canto las canciones más suaves posibles. Espero.

La manzana caerá, sol y luna se perseguirán como siempre. Y la lluvia, mi amante, vendrá vampiresa y se irá redentora.

Las palabras vendrán o no.

Deseo, y el deseo es hermoso.

Espero, y la espera es vida.

Como sea que la chispa prenda la mecha, sabré al menos que estuve vivo en la belleza de desear; la ternura, llena de gravedad, de recordar la voz, el sabor, el calor.

Sin duda, moriré con una sonrisa.




Photo by Ava Sol on Unsplash

lunes, 2 de septiembre de 2019

En el mar de gris. Desmenuzado.

Fall to pieces, I'm falling.
Fell to pieces and I'm still falling.
Everytime I'm falling down.
All alone I fall to pieces.
Velvet Revolver.


En el mar de gris.


El gris veteado corrió entre sus dedos, luego dos de estos fueron a mezclarse con los del pie, que recogió de entre los granos. No le sorprendió tanto, los sintió romperse al continuar caminando mientras el viento suave soplaba impasible, haciendo bailar las grises nubes.
Se sorprendió al notar que su piel no era gris también. Se sentía gris.
Y así comenzó, con la caída debida a la falta de sus apéndices más insignificantes. Sólo dio un paso y el equilibrio ya no estaba ahí.
Se dio cuenta entonces que no tenía ningún propósito conservarlos. Los arrojó indolente a un lado, y continuó caminando. En el horizonte, creía ver otra vez insinuarse un grupo de montañas o colinas, no podía juzgar el tamaño bien, dada la naturaleza fatua del espejismo. Así que sólo siguió en línea recta.
El viento arreció un poco y él no se dio cuenta de las hebras leves como telarañas que se desprendieron de su nuca, sienes y coronilla. Si hubiera sido posible tener una idea del tiempo, habría notado antes la hora, o algo así, en que todo su cabello desapareció en el viento y en el mar de gris en el cual ahora vivía, nómada.
Desnudo como estaba, no le importó no sentir frío en la brisa constante, ni calor alguno del sol velado por las nubes. La arena sin embargo era suave bajo sus pies, tal vez la única cualidad sensible. Seda moldeable bajo las plantas cada vez más suaves y tiernas.
El cosquilleo en su mano izquierda comenzó a continuación; sin dejar de caminar, apretó el puño y vio como sus dedos se separaban por cada falange, y caían sobre la arena sin posibilidad de acción excepto mirar y resignarse. Uno a uno, golpearon la suave superficie y quedaron ahí. Por supuesto que no se quedaría a mirar qué sucedía con ellos; sabía que no había fauna que los consumiera; quizá simplemente se desmenuzaran, célula a célula, molécula, átomo, o algo más pequeño si lo había.
Mucho tiempo después, tal vez una hora, tal vez un siglo, perdió un pie, luego el otro, y volvió a caer. No podía saber si el proceso se aceleraba, y aunque las colinas no parecían estar más cerca (ni más lejos, por cierto), no pensó siquiera en detenerse. En su mente que ya también perdía cohesión no había más que la necesidad de seguir, de llegar; si no a las colinas entonces a donde fuera que su destino se hallara.
Y así continuó, siempre hacia adelante, aunque cuando primero un antebrazo y luego el otro quedaron atrás, se dio cuenta que su avance sería cada vez más lento, o mejor dicho, más corto. Una decena, o tal vez centena, de “pasos” más –porque ahora avanzaba sobre los muñones del bíceps y acababa de perder una pantorrilla-, y comprendió que su vida ahora era no parar jamás, llegase a donde llegase. No había nada más en el universo que él y la arena gris interminable, y el viento acariciante pero siempre presente, deslizándose sin oposición sobre su piel ahora absolutamente lampiña.
No se detuvo por nada ahora, ni a voltear a ver sus muslos abandonados que ya parecían fundirse con la arena, disolverse con ella en la misma naturaleza, granos diminutos, eternos e incontables que algún día volarían por todo el cosmos o arderían en el abrazo de una supernova.
Mil años y quince minutos después, era un torso contorsionándose, como un gusano o una morsa sin miembros…

*

El viento acariciaba las colinas, y las nubes seguían corriendo sobre aquel desierto gris, calmo y apacible. Sin embargo el sol ya no brillaba, sólo una luna opaca como una catarata en el ojo negro de la noche dispensaba la luz suficiente para notar, entre un matojo y una piedra que bien podría proceder de esa luna lechosa, el pequeño bulto el tamaño de un puño.
Pulsaba, regular como un pequeño reloj olvidado en un cajón, en una llanura, en un tiempo pasado que nadie recordaba. A veces pausaba, como si se hubiera detenido para siempre, pero luego volvía a moverse, expandiéndose y contrayéndose una y otra vez. 
A un metro, la colina parecía aguardarlo. Milímetro a milímetro, o acaso aun menos, el bultito se aproximaba...




Photo by Kunj Parekh on Unsplash

lunes, 5 de agosto de 2019

La Canción del Despecho. Cuatro minutos más.


"...the beast won't go to sleep...".
Uncle Leonard.



La Canción del Despecho


Y mírate perdido en el groove de cualquier rola que surja. ¿Es escapismo? ¿Y qué si lo fuera? No hay nada que realmente requiera tu presencia, nada que tu mano pueda hacer.


La felicidad es un bajo más funky o más disco que cualquiera de estas palabras. La letra más simple es la Historia detrás de tu historia. Un rapeo puede ser molecularmente más denso que cualquiera de los días transcurridos, llenos de arrepentimiento y un riff puede ser un Universo entero. La felicidad dura cuatro minutos, y lo sabes. Pero cápsulas de olvido consecutivas hacen un gran perdón.


Mañana vendrán más preocupaciones, más caos con qué hacer malabares. Hoy no hay más que una sonrisa estúpida en tu cara, pero más sincera que todas las palabras que esperaste escuchar. Claro que el dolor seguirá ahí cuando vuelvas de Oblivión, ¿y qué? Esa es su función, estar ahí para recordarte que nada es para siempre, sin importar cuánto tu voluntad y tu esperanza se empeñen en engañarte.


Es amor furtivo, la clase más pura. ¿Quién es portadora de unos ojos de hoyo negro, que pueda superar ese instantáneo revolcón…? ¿Qué pueden significar todas sus promesas, todas sus demandas absurdas de precisión alquímica, todas sus obsesiones elektricas, su manipulación inconsciente disfrazada de ingenuidad?


Tal vez por eso no estés dispuesto a pagar el precio de un amor que dure. Ya tienes un amor; y puede ser tan dulce y tan perverso como el de ellas. Y puede doler y lastimar tanto, pero durante menos tiempo. La siguiente vez puede ser éxtasis, o también puede ser peor que la anterior. Al final sobrevivirás, sabiendo que has vivido.


Y si en algún momento te das cuenta que estás siendo egoísta, piensa en las veces en que olvidaste todo por una mirada, abandonaste cosas por un imposible beso; las veces en que te culpaste por no ser suficiente; piensa en las promesas que no quisieron cumplir, en lugar de las que tu no pudiste siquiera hacer.


Las palabras que quieres decir y no puedes, están ahí. Tantos “te amo”, tantos “te olvidé” como quieras; y repetidas tantas veces que revelan su verdadero significado: sólo por cuatro minutos. La Música es amor: real pero efímero, pero eterno, pero imaginario. Posible y probable, más incluso que las palabras y las caricias, y ese inalcanzable parasiempre que miente desde el instinto. Ella sí te cura, y sabe cómo hacerlo. Y por qué.


Y cuando sientas el vacío quitándote el aire, y cuando la memoria te tire de las perneras; cuando la culpa y el arrepentimiento te inyecten el odio a ti mismo -otra vez-; cuando los labios te pidan dar tu alma en sacrificio, vuelve a ella; ella sabrá abrazarte y lamer tu sonrisa.

Ella es el único Amor que tendrás.





Photo by Shawn Tung on Unsplash