domingo, 9 de febrero de 2025

Otra Vuelta. He Visto el Futuro.

"...y aunque el dolor es espeso,

se diluirá con un beso

que me demuestre que tú

no eras mucho más que eso..."

J. M. Cano.


Otra Vuelta. (He visto el Futuro).


He visto el futuro, y no estás en él.

Es oscuro, es húmedo y estoy cansado, pero río sardónico.

Es hora entonces de seguir mis propios consejos frienzoneados, y activar la Venganza Indiferente. Las víctimas serán pocas, todas voluntarias, pero caerán y será en tu honor y por tu culpa.

Porque cumplo mis promesas en lo posible, tu nombre insólito será el último que pronuncie. Pero moriré como vine al Mundo, y como he vivido esta vida; eso lo sé mañana.

Ni tú ni yo tenemos remedio, y eso lo ví en el tiempo. Tu ausencia era una figura de cartón, sombra y silueta vacía de todo el amor que no quisiste.

Y en esa vida dejé de culparme, porque era verdad que no era yo, sí eras tú. Pensé que era el único ciego.

Pero no soy el único, cariño, que tuvo oportunidades como peces dorados. Y son tan resbaladizas.

No hay reproches, sólo te abandono a tu mala suerte; pero deja descansar tus labios en lo que atañe a lo que no quieres y pudo ser tuyo. Yo sabré cómo y si lo uso, y con quién, de hoy... hasta mañana.

Adiós, amor.

Hola, amiga.

¿Cómo has estado?




lunes, 20 de enero de 2025

Cincuenta y Tres. El Tiempo y su Patín.

 "Plans that either come to naught

or half a page of scribbled lines..."

Pink Floyd. Time.


Cincuenta y Tres. El Tiempo y su Patín.


El Tiempo no está hoy para contar, si hay, pérdidas o ausencias. Sí se sintió sin embargo, como El Año que este Me Alcanzó.

Comenzó con fuego, con rabia; con una bofetada a mi falsa seguridad. Algún desconocido pateó mi brújula y me mandó a lugares donde ya no debería estar.

En el Mundo Real, no hay "Protocolos Fénix": las cosas arden y eso es todo. Las cenizas se esfuman. Al Tiempo le vale madre; toma sus cosas y se va. Allá tú si te quedas.

Aun así, pasan cosas, vas a lugares, conoces gente.

Y la Música... esa Balsa-Para-Todo-Naufragio, llega y te acomoda las ideas, y apacigua las comadrejas que roen por dentro. Incluso con el corazón en la picota.

A veces engañas al Tramposo Padre Tiempo, en ocasiones hasta frustras sus guadañazos. Pero claro, él puede esperar, porque Es Él y eso hace. Toma su patín y te mira de hito en hito, "¿cómo vas, todo bien?". No hay remedio.

Sin embargo la Adultez (porque la Madurez sigue descartada), permanece un misterio, terra ignota. Me pregunto si esta crónica "gen-equisicidad" seguirá por siempre; si acaso algún día adquiriré tintes de normalidad o si soy un caso perdido. ¡Mejor no preguntar!

Pero bajo la sonrisa descarapelándose, sí se insinúa la escasa certeza de mi caducidad. El calendario empequeñece frente a los pendientes, los deseos, las sedes (en plural, sí señor) y las hambres, las ganas paliadas. Es un seguir mirando al horizonte, buscando islas nuevas; y de reojo espiar nervioso, listo para achicar. La vista más mermada, los dientes más sensibles, el pelo más ralo y delgado; tonos de gris infinitos y topografía facial.

No hay DeLorean que valga en esta película. Pero igual, a donde vamos no necesitamos caminos, ¿no es cierto?




lunes, 18 de noviembre de 2024

Para extrañarte. Memorias de escalón.

 "Keep trying for you,

keep crying for you,

keep flying for you,

keep flying, and I'm falling"

Sade.


Para extrañarte. Memorias de escalón.

Ansia de amnesia. Mi brazo duele con hambre de cubrir tus hombros y el aire huele como un reloj de arena en fase terminal. Pero el recuerdo me aturde, sentado en el escalón.

Otra sombra se adivina entre la audiencia y yo me repliego como una sensitiva. Mala costumbre, otra vez.

Nunca hemos sabido qué hacer uno con otro.

Así que de vuelta a Sade, y este cuaderno; antes del fuego y de la nube sobre mi cabeza.

Ya no sé qué hay adentro, qué más hay para dar. Ya no sé el valor de los días o de las noches; qué propósito tienen y si estoy sólo enfermo, o enfermo de verdad.

Sea la Música la droga, que cure o que sólo palie.

Hace mucho no tocaba como hoy.

No puedo evitar lamerme los dedos; los restos de esta noche y sus dos lados son manjar.

Ignoro si esta comedia agridulce es Arte, o sólo algo que sucedió; tiempos distorsionados chocando otra vez. No sé si soy necio o estúpido, o sólo dejo que me lleve el corazón a ninguna parte.

Me preparo entonces para extrañarte otra vez. Y a la vez quiero caer en el abrazo de lo improbable y lo húmedo, porque ya no sé qué hay adentro, y que más tengo para dar.

La puerta está entornada, la chapa ha dejado de funcionar.

Tú ya no recuerdas lo que te pedí. Tal vez deba recordártelo.



miércoles, 24 de enero de 2024

Cincuenta y dos. Otro pequeño desliz.

 "I turn my back to the wind
to catch my breath
before I start off again..."

Rush. Time stand still.


Cincuenta y dos.


Dìas de apender. Solo, pero no solitario. Días de timbres y campanas silenciosos; soy llegado a mis propias orillas, con todos los nombres en la punta de la lengua.

Algunas rudas lecciones; con la desconfianza zumbando y la lucecita en standby. El lustro quedó colgante por un único cabo, y el recuento es positivo con casi todos los números en negro; salpicado de escarlata tal vez sólo por añadir color. O acaso sea un poco de sangre fugitiva.

Es invierno aun y los años son copos de nieve apilados sugiriendo formas; y hay un miedo nuevo a que ya quede más atrás que por venir.

La Música suena diferente.

Los días vuelven a parecerse entre sí.

Promesas transparentes revolotean en la visión periférica. Terco y tranquilo, recorro viejos laberintos con ojos de camaleón; el horizonte esparce auroras y espejismos que cantan como sirenas.

Pronto, pero no aun.

Necesito más hierro y más hueso.

Tengo trescientos sesenta y cinco días para dar la vuelta al Mundo. Mañana, igual que ayer, no importa mucho; ya no tengo tiempo para esperar.

¿Habrá más islas? ¿Habrá realmente tierras por explorar, y las que extraño seguirán ahí? El camino se acorta y aun hay tantas canciones por tocar...

Así que: Contrito. Arisco. Perdido, como púa de guitarra. Cambiar de piel implica ser vulnerable y estar húmedo. Así que, ¿qué más da, otro pequeño desliz egoísta en esta particular tormenta-en-un-vaso? Hoy  soy sólo mío y de nadie más; quizá mañana me vuelva a abandonar a mí mismo. Nada importa hasta que este día acabe. Mientras, comienzo a rogar en silencio que siga habiendo más noches.



Foto de Diego Jimenez en Unsplash

miércoles, 20 de septiembre de 2023

Extraviado. Reproche en F#.


"But my words like silent raindrops fell, and echoed in the wells of silence".


Extraviado. Reproche en F#.


Búscame en la acera, entre las barras de la boca de tormenta.

O búscame en la esquina más oscura de un bar, donde nadie quiere beber riendo.

Estaré ahí, entre las horas de ensayo canceladas; en las futuras tocadas frustradas y las canciones rechazadas y dejadas de lado.

Búscame exactamente donde me dejaste. Escucha mi nombre en los silencios y las notas fantasma; en las fallas técnicas, los cables trozados y las cuerdas rotas.

Fíjate bien: me verás en las mesas con sillas vacías; en los regresos solitarios; en los desplantes de otros; en los errores en escena.

Regresa a donde me quedé esperando; las madrugadas de carga y descarga que serán resfriados del lunes. En las resacas, en las noches sin cenar.

Seguramente me hallarás en las horas invertidas en vano; en el sudor ya seco de las noches ahora infructuosas e inútiles; en los litros de gasolina quemada o las botellas ya sin cerveza.

Sólo no me busques en las notas ni compases. Nunca te importaron las que yo toqué.

Fue ahí donde me extraviaste, y fue ahí que elegiste no verme.




Foto de Adrian Swancar en Unsplash

miércoles, 23 de agosto de 2023

 

"These precious things, let them bleed, let them wash away...". Tori Amos.



Pequeñas Cosas.


Abrió los ojos lentamente, después del tercer timbre del despertador de su smartphone. La sonora barahúnda en la cocina le llegó después. Cerró los ojos lentamente, tomando fuerzas para levantarse.

Se encaminó al cuarto de baño, descalzo, en ropa interior y camiseta. Karla llevaba lo mismo, sólo una camiseta y panties. Mientras revolvía los huevos con la pala, volteó a mirarlo y sonrió dulcemente; los huevos sisearon en la sartén. Roberto no le correspondió la sonrisa. Entró al baño y orinó copiosamente. Al salir apenas miró hacia la cocina vacía.


*


Respiraba agitadamente, las manos crispadas contra el pecho. Un dolor de cabeza comenzaba a forjarse en sus sienes. ¿Estaba enloqueciendo? Miró de nuevo hacia la pequeña sala de su departamento. Todo normal, como siempre. Con el mismo aspecto. Karla no estaba, se había desvanecido, o jamás había estado ahí; obviamente, porque eso no era posible. Se recostó contra la puerta de la habitación, tras el muro, esperando que su corazón redujera el ritmo enloquecido; dando la bienvenida a la ligera jaqueca porque era algo real en ese imposible momento. Sabía lo que vió, pero no entendía por qué lo había visto. Con morboso valor, se asomó como un niño que atisba bajo la cama esperando no ver al Coco. No había nadie, como siempre.

Esa fue la primera vez que vió.


*


Quince para las diez; Roberto guardó el archivo en que trabajó, una vez más, para evitar accidentes -aunque sabía que algunos eran inevitables, y vaya-, y buscó en su mochila el tupper con su desayuno. El de verdad.

El smartphone vibró primero, luego zumbó apremiante sobre la cubierta del escritorio. Roberto lo miró con aprensión, aun más que la normal. Sabía lo que encontraría. 'Karla', decía en la pantalla en modo oscuro. Tal vez lo llamaba para pasar por algún encargo, como hacía a veces; o simplemente para 'oír su voz' y desearle bonito día entre otras frases melosas.

Roberto situó la punta del dedo sobre el círculo rojo y rechazó la llamada como hacía siempre desde hace tiempo.

Sabía que después de unos segundos, no habría nada registrado entre las llamadas perdidas.

Como siempre.


*


Respiró hondo, y marcó el número, que ni siquiera sabía por qué conservaba. Sólo... sólo tenía que saber, aun con la certeza de que se estaba comportando como un supersticioso estúpido. Tenía miedo de que nadie contestara; de que la compañía telefónica le avisara con una grabación que la línea ya no existía; que el celular de Karla sonara interminablemente dentro de una zanja, o que no lo hiciera porque estaba en el fondo de una alcantarilla con su cuerpo. O peor aun, que Karla le contestara a pesar de no deber poder hacerlo...

-¿Hola?

-Ah, uhm, hola... ¿Karla? Soy... soy Roberto.

Dos segundos de silencio.

-Ah. Roberto... ¿cómo estás?

-¡Bien! Yo... este... bueno, yo sólo...

Una pausa incómoda.

-¿Por qué llamas, Roberto? Yo no puedo...

- Sólo...- la interrumpió, o más bien aprovechó la pausa que sonó levemente exhasperada-, sólo quería saber si... si estás bien. Sentí... sentí algo raro hoy y... no sé, estoy preocupado.

Otros dos segundos silenciosos. Quizá fueron tres.

-Sí. Estoy bien. Te agradezco que te preocupes, pero... pero no me llames más, por favor. Tampoco para mí es fácil... y yo ya no...

-Sí. Sí, lo sé- la interrumpió de nuevo-. Es que sólo te... ('te ví en mi ventana al regresar de la tienda, y hasta te levantaste la blusa muerta de risa...'), mira, solamente quería saber si estás bien. Es todo. Oye, gracias por contestarme... A-adiós. Cuídate-.

Click.

No volvió a llamarla jamás. A pesar de todo.


*


Una vez más aferró el volante con fuerza, pero ya acostumbrado a darse cuenta que se había desviado otra vez -sólo un poco, en realidad-, del camino a casa.

No era mucho problema en realidad, sólo había interferido una vez, cuando se dió cuenta que llegaba a la casa y ella esperaba arreglada como si fuera a la reunión de esa noche con él. Pero por ejemplo, jamás le sucedió en una de sus escasas citas románticas, por suerte (¿o a propósito?).

Al igual que entonces, pasó de largo, y Karla, que le había sonreído con una bolsa de compras a cuestas y saludando vigorosamente, no se veía ya por el retrovisor.

Rectificó el rumbo y fue a casa.


*


Fue un momento parecido a este, donde comprendió lo que estaba sucediendo en realidad. El shock fue tremendo entonces, y hasta se rió como loco un par de horas después. Era absurdo, pero también tan doloroso. Roberto solía reírse de lo que lo lastimaba o le daba miedo. A veces podría ponerse un poco pesado con ello, y jamás supo que Karla secretamente odió eso de él, al menos cerca del final de su magro mes de relación. Pero Roberto no podía evitarlo, era su mecanismo de defensa favorito, y le servía.

Por supuesto, momentos así ya no lo hacían reír ahora; aunque para todo lo demás sí conservara el humor listo y al punto.

La voz -'la voz de Karla'-, llamó suavemente y ronca, ronroneante de hecho, desde la habitación donde únicamente la lámpara del buró iluminaba. Sin poder evitarlo, y él se odiaba a sí mismo por ello, Roberto se paró en el umbral del cuarto.

La luz tenue pintaba su cuerpo desnudo en claroscuros. Sus pechos medianos, los pezones leves sombras que se adivinaban rosadas en la luz empalagosa. Los muslos plenos, el leve bosque de su pubis apenas asomando. Su mirada fija y ansiosa, hambrienta.

Roberto sintió partirse en dos, dividido entre la tumescencia incipiente en su entrepierna y el dolor sordo en su pecho. La verdad es que esos momentos específicos eran los más difíciles de afrontar. 

Nuevamente, como la primera vez, estuvo a punto de avanzar, temiendo que otra vez la lámpara se apagara y Karla desapareciera en las sombras; y también temiendo que esta vez no lo hiciera. Una parte de él acaso sentía que si alguna vez llegaba a tocarla siquiera, el desaparecería con ella. Y otra parte quería desaparecer. No ayudaba que, en las tres semanas que salieron, nunca llegaran al sexo, no más allá de escarceos.


*



"El Hubiera no existe", dice el viejo adagio, y sigue siendo verdad; para otros, pensaba Roberto. Pero al fin llegó a la única explicación para sus visiones, después de descartar las más 'evidentes' patologías, la superstición y lo absurdo de todo. Muy Conan Doyle, pensaría Roberto con sorna en una vida anterior, o si aun le quedara algo de ironía adentro.

Oh, había buscado, googleado y escaneado y fotocopiado. Y nada. Pero la verdad era inescapable. Se evitó los exámenes médicos, y además no quería decirle a nadie que tenía alucinaciones que sabía que no lo eran. Y  con la verdad, Roberto supo, lo sintió en cada hueso y pesando en su cerebro y su razón:

Lo que veía era la posibilidad; todo lo que pudo ser y nunca sería.

El por qué, dejó de interesarle después de algunos meses.


*


Los créditos comenzaron a aparecer en un recuadro, a la derecha y abajo de la pantalla. El siguiente programa ya comenzaba en el resto de la superficie del aparato. Roberto apagó la pantalla, se estiró y fue al cuarto a ponerse sólo el pantalón de la piyama; se dejó puesta la camiseta que usó por la tarde. La noche refrescaba. Luego fue al baño y se cepilló los dientes.

Leyó algunas páginas de una novela que no lograba capturarlo realmente, hasta que sus párpados comenzaron a pesar. Apagó la luz del buró y se recostó de lado.

La mano tibia de Karla se posó sobre su espalda. Sintió el cuerpo cálido de su fallida pareja tras del suyo. Se durmió sin sueños en unos pocos segundos.


*


Finalmente se resignó a la incertidumbre de dónde vería el Nunca Jamás de nuevo, como a la lógica de su impredecible naturaleza. Al cabo, dejó de dolerle, excepto claro... Por supuesto que aun había uno que otro detalle que lo sorprendía un poco, cosas que jamás había considerado siquiera: Karla subida en una escalerilla que no tenía, cambiando una bombilla que no estaba descompuesta. Pintando sus uñas, sentada en la taza del baño, con una rodilla pegada al hombro y cómica cara de concentración. Pequeñas cosas que quizá para una pareja cualquiera serían anodinas o insignificantes. Pero incluso las sorpresas ya no eran tan sorprendentes en su frecuencia.


*


La siguiente mañana fue diferente, un poco. Era sábado y para variar no tenía que ir a trabajar ese día, así que el despertar fue inusual.

-"Deesordenéee... áaatomos tuyoos para hacerte... apareceeer... un día máaaas... uuun día máaas..." cantaba la voz de Karla en la ducha.

Las lágrimas se agolparon sin aviso en los ojos de Roberto y se deslizaron por el puente de su nariz y a través de la mejilla, hasta posarse en la almohada.

Esa escena sí la había imaginado alguna vez.

Después de todo, dicen, el Deseo es el origen del sufrimiento. Y los viejos solían decir: "Cuidado con lo que deseas, podría volverse realidad"...


FIN.




Foto de Bruno van der Kraan en Unsplash

martes, 9 de marzo de 2021

Cuarenta y nueve.

 "They say there's a Heaven for those who will wait

Some say it's better but I say it ain't

I'd rather laugh with the sinners than cry with the saints

The sinners are much more fun

You know that only the good die young".

Billy Joel.



Cuarenta y nueve.


Ah, estos días tan insospechados, tan insólitos, tan implosivos. Cómo se acercan mis Bodas de Oro con este pequeño paréntesis cósmico, hipo efímero en el Tiempo y en la Tierra.

El recuento anual un tanto ausente ante el azoro diario de estar vivo; sin sospechas, sin terrores ni fobias. Qué absurda paradoja; que dé igual un autobús sin frenos, un infarto o la exhalación asesina de un extraño o un amigo. Y sin embargo qué contantes y sonantes estos días y estos trescientos sesenta y cinco despertares al hilo. Aun a pesar del cerco que parece cerrarse y las noticias preocupantes sobre manos y ojos y rostros familiares y añorados.

Un tesoro perdido y otro conservado. Una mano amiga que se volvió puño, una voz entrañable que ahore es reproche. Y frente a mí también un rostro y una voz que derriten toda coraza; manos blancas que vuelan gaviotas sobre la tela y entre la niebla de los sueños que me permito tener. Sueños quizá sólo míos; estatua de hielo que aun no logro derretir.

Y aun están el sonido y el eco, tirando muros como en Jericó y torciéndome los labios hasta descubrir los dientes; flotando y rebotando, yendo y viniendo de un ángulo a los otros en un cuadrado cada vez más perfecto.

Hay dones, y hay regalos todavía. Y Dios, o la vida o lo que sea, no piden a cambio nada más que un día de vida cada vez. No podría negarme a ello aun si quisiera, pero el trueque no es injusto, y sí necesario.

La próxima vuelta al sol es incierta pero, ¿no ha sido siempre así? Tampoco sé si al final de la elipse estaré cansado, o triste, o si sabré tomar la luz y el calor y hacerlos de mi propiedad. De alguna manera, el sabroso suspenso es mayor pero también la incertidumbre; y ese gato verde de la Esperanza siempre está tan vivo como muerto. Pero está. Pero es. Y cincuenta-cincuenta nunca ha sido tan malo como suena.


Kanan Khasmammadov on Unsplash


viernes, 15 de mayo de 2020

Refuerzo Intermitente. Veintiún días.

"You trick your lovers
That you're wicked and divine
You may be a sinner
But your innocence is mine".
Muse, "Undisclosed Desires".



Refuerzo Intermitente.


Veintiún días de sonrisa  o de palabras buenas, de una voz que lava la sangre en el corazón.

Veintiuno, de regalo de tiempo detenido cuyas horas pasan sin pesar un gramo. Comida, o bebida, o risas intercaladas. Música eterna.

Veintiuno, de sueños color verde ocultos en pupilas cafés; riveteados de gris mañana, de gris ayer, de negro nunca.

Veintiún razones para guardar tu nombre en un cofre, con candados, con cadenas; y aun encontrarlo escapista, insinuado en las nubes y susurrado por el viento de las noches.

Noches, también veintiuna, de cerrar los ojos sin sueño y desear una cama menos amplia, menos vacía.

Veintiún analgésicos, como una sobredosis gradual.

Veintiún pasos sobre la cuerda de hilo de araña.

Veintiuno siempre por veintiún parasiempres.

Veintiún refuerzos intermitentes cayendo en cascada desde tu orgullo, herido por la esfinge del mío.

Veintiún caricias ocultas tras cada despedida.

Y siete días de silencios, de vacío en los ojos y en el pecho, de dudas cargadas en la espalda; siete pecados capitales como vivir jugando tennis con granadas de mano.

No podría amarte veintiún veces más.

Mas tampoco puedo contra esos siete enanos asesinos.




Photo by Jon Tyson on Unsplash

Recompensa (Harrie). Pequeña masa de amor extraño.

"I wish I could be as carefree and wild
but I got cat class and I got cat style".
Setzer and The Cats, strutting...


Recompensa (Harrie).

Pequeña masa de amor extraño; princesa mínima y caprichosa de ojos de luciérnagas.

Patrullas nuestro pedazo del mundo con pasos como dedos en un piano invisible. Para ti todo es nuevo, todo es desechable. Todo es tuyo. Especialmente Yo, y mis cosas también.

De ti podría aprender como ser indiferente a lo prohibido; como hacer mío al mundo para tocarlo o destruírlo.

"Quiero" es tu credo, y lo confiesas en sencillez atómica. Nunca aprendiste -o no quisiste hacerlo-, a decir "miau" con todas sus letras. Sólo pides con voz de juguete, a menos que gruñas en la euforia de la carrera y el salto, imparable sombra con la insólita gracia de desplazar tanto aire como tu ansia persecutoria lo exija.

Mimosa cuando quieres, toda cuchillos y navajas en miniatura cuando la caricia no te basta. Pequeño motor que conforta cuando consigues lo que quieres y mereces.

Por ti solamente creería en el destino si alguien me dijera que es tu origen. Nos salvamos uno al otro y eso basta, ¿no crees? Yo te alejé del hambre y el frío, los monstruos canes y los autos asesinos. Tú me diste un pretexto para ser un poco esclavo y un poco padre. Todos los días son hoy contigo; y cada travesura, cada pequeña destrucción, rasguño y mordida se borran en el roce de tu lengua rasposa, en la suave zarpa en la mejilla, en el ronroneo satisfecho cuando el mundo me suelta de regreso en casa. No hay mejor fatua recompensa en el mundo que tus ojos entrecerrados; no hay más certeza de paz que tu pose de esfinge; ni hay más elegancia que tu silueta erguida o el lánguido vaivén de tu cola serpenteante.




martes, 25 de febrero de 2020

Medio Cuaderno, 2.0. Malvaviscos.

"Can't you see
We're to be this time?
Simple pages on my mind".
=w=.


Medio Cuaderno, 2.0


Ciento cincuenta hojas caídas de un árbol de invierno. Trescientos intentos de no ahogarme, sin tierra visible bajo luz de luna.

Centena y media de plegarias sin destinatario, como palomas mensajeras ciegas.

O también, trescientas conversaciones entre todas las caras de un dado girando; voces a discreción, a mansalva o a ráfagas como risas de supervillano.

Mil y un millón de bromas que se gasta el cerebro a costa de órganos infinitamente más estúpidos.

A falta de un veredicto, sigue siendo vicio; solicitud de ayuda por triplicado, desafío y bravata; rodar para exponer el vientre y esputo en la cara de la vida. Sísifo estaría orgulloso.

Pero hay tantas cosas sobre las que no escribiré. Mejor obviarlas, porque nadie las necesita y nadie las quiere.

Tengo café, y tengo cigarrillos. Y tengo malvaviscos cubiertos de chocolate. Sería una pena desperdiciarlos.

Descubro que también tengo palabras duras y afiladas; quieren salir a jugar. Así que las voy a ahogar y a quemar, y a triturarlas entre mis dientes. Que se mueran, nadie las necesita tampoco.

Medio cuaderno otra vez: Tanto ha cambiado, tanto permanece igual.

Y hay cosas que no mueren, aun a pesar de ser vividas. Estas trescientas páginas son mis amantes. Ahora las conozco. Que sea este amor el único que merezco y el único real. El otro sean sólo fotos en un nicho, memorias incompletas. Páginas veladas por obstinación y orgullo. Formularios y trámites que no completé: la ventanilla estaba cerrada. Llegué tarde, pero el reloj estaba descompuesto mucho antes de mí.

Aun hay muchas páginas por ensuciar. Mucho café para alimentar el insomnio. Otros tantos cigarrillos, para cerrar el trato. Y ahora, además, muchos bombones qué comer.

La vida sigue.




Photo by Alexander Mils on Unsplash

martes, 21 de enero de 2020

Fantasmas Mutuos. Absenta para soñar.

"And she don't fade, the ghost in you...".
The Psychedelic Furs.



Fantasmas Mutuos.


No me importa izar una bandera y dejar que el viento haga lo que quiera con ella. No es la primera vez que amo sabiendo que nada vendrá en mi dirección.

Voces cristalinas cantan de memorias que nunca tuve y no tendré. De velas moribundas y marcas de dientes en la nieve que casi fue. Si las noches fueran más oscuras, me quedarán como absenta para soñar.

Hay palabras que me marcan como hierro al rojo, pero no gritaré el dolor; ya comprendí que nada puede salvarme de ellas. Si eso son los días que vienen, no importa cómo los afronte.

El recuerdo ya no se parece al amor incipiente, a la promesa de días mejores, de heridas sanadas. No se asemeja a la voz suavizada por ternura y deseo. Mi nombre quiere decir otra cosa ahora. Soy Yo,  ¿recuerdas? YO.

Las canciones, mil de ellas, han calado más allá del umbral; han vuelto a ser simple música, siempre y cuando procure olvidar lo que decían antes.

Como fantasmas mutuos, este amor y yo nos atravesamos uno al otro.



Photo by Bernard Hermant on Unsplash

Cuarenta y ocho.

"...And the sadness would be lifted from my eyes
Oh when I'm old and wise".
APP, envejeciendo.


Cuarenta y Ocho.


En algún lugar, y espero que aun sea lejos, tañe una campana.

Cuarenta y ocho, y aun puedo morder un poco más de lo masticable.

Pero no voy a mentir, se me acaba otra vez la provisión de fuegos artificiales.

Y no, no es el mirar atrás lo que duele, nunca lo ha sido. Es por el contrario, el buscar con una mezcla de curiosidad y miedo en los espejos; es el darme cuenta con azoro que este invierno fue más frío, por muy poco que se dé a notar.

Es el sopor de la parálisis dominical; la sorpresa y la admisión del nombre de cosas que -me he-, se me han negado, una y otra vez. Son las máscaras sobre la mesa, y los fármacos que amenazan su lluvia.

Y todavía no puedo soltar, no puedo dejar de tomar por los faldones los sueños que me quedan. No puedo volver a bajar la barbilla, ni dejar de reír por lo más fino y lo más guarro.

Sin embargo, este espacio en mi pecho y en mis horas; ese despertar de mañanas cada vez más frías, detrás de noches cada vez más cortas. Poco a poco, crece el deseo de poder besar a la locura en la boca, y a la vez reparar los circuitos dañados por el uso, por el tiempo y el polvo que todos -ellos y yo-, hemos dejado entrar en el alma.

¿Cómo hacer crecer los brazos y asir lo que escapa por siempre? ¿Cómo ir cruzando casillas, completar una lista que no termina?

Tal vez (¡dong!) este número inminente (¡dong!) que entra en cuenta atrás (¡dong!), sea el punto de partida, tal vez haya metas por aquí cerca. Acaso al fin y al cabo la historia sea sólo consumir el tiempo hasta ver tres letras, y no dejar piedra sobre piedra.

Tal vez haya ojos que mirar; tal vez el destino sí existe, o todavía no ha nacido; cuando sea, será justo a tiempo y demasiado tarde.

Mientras tanto abrázame; vamos a beber y a comer y escupir en la entropía. Ayúdame a meter calor en este cuerpo que se muere.

Y no digas nada más.



Photo by Joshua Hoehne on Unsplash

martes, 26 de noviembre de 2019

Palabras Correctas. Tesoros silenciosos.

"If only I'd thought of the right words
I could've held on to your heart...".
Robert, at al, breaking pictures apart.



Palabras Correctas.

Diría que se me terminaron las palabras, pero ni yo soy tan ingenuo. Es sólo que todas las que tengo describen sus ojos y el recuerdo de su beso. ¿Para qué usarlas ahora, otra vez, entonces?

No me gusta cuando las palabras se visten de pretextos, aunque sean razones. No las doy, ni las cargo conmigo. No me asumo culpable cuando el juez de mí no soy yo. No te culpo cuando los crímenes son comunes a ambos.

He visto tesoros silenciosos, y los guardo en un cofre de carne y huesos. Nunca romperé un silencio si no sirve un propósito, si no es para decir 'te quiero'; si no es para reclamar justicia o matar un monstruo inoportuno. Si me pides que guarde silencio lo haré sumiso; si me exiges callar gritaré más fuerte que tú.

No, lo que me falta es un tema, una razón que no sea un sollozo estúpido, una queja ridícula. Otro que no sea mi pecho drenado de sangre. Otro, que no gimotee sobre sueños muertos.

Necesito palabras con olor a sábana; epítetos de ebrio feliz, carcajadas horribles en lugares que la luz tema. Quiero palabras como 'pecado' y 'amnesia'; refinadas obscenidades; palabras que quemen y que mojen.

Quiero lanzar risas de mis manos, como ases y cuatros y reinas de espadas, de bordes afilados pero dibujos asombrosos.

Y quiero tomar también esta tristeza, obstinada en volver, y escribirla coraza; y no dejar que nadie más visite mi celda, ni el mismo día en que me cuelguen por pura lástima.

Balbucear sobre héroes formidables. Vomitar el ácido de mil monstruos horribles. Nada que ver con miradas lánguidas y rosas de fuego prendiendo en sabe qué partes corporales. No más saborear nombres inverosímiles, ni ojos que derriten los barrotes de la jaula. No más, nunca más, labios suculentos ni lenguas intrépidas.

No quiero sentir nada si no soy sentido a mi vez.



Photo by Catherine Heath on Unsplash

viernes, 25 de octubre de 2019

Plegaria. Que vuelva.

"... I see the doorway of a thousand churches...".
Peter Gabriel.


Plegaria.


Que vuelva el silencio de los días sencillos, y los murmullos de héroes diminutos en mis manos inocentes.

Que vuelva también tu cuerpo, real y verdadero entre mis brazos otra vez vacíos.

Y que regrese el mundo a cubetazos tibios, y todas las cosas nuevas creciendo como hongos tras las lluvias.

Que regrese el alcohol, y las palabras alegres de la intoxicación y los días de vida sorbidos desesperadamente.

Y que retornen los nombres de niñas y mujeres, y vivan en el agridulce del recuerdo y el hubiera, el quizá y el nunca.

Que tu beso, que lavó los años de sed y prendió mi alma de tu aliento retorne también.

Que la agonía del placer regrese asimismo, en la mente y en el cuerpo descubriéndose, esta vez a salvo del miedo y cobijado por el secreto, mas no por la vergüenza.

Que siempre vuelva el volumen, y el acorde todopoderoso; y el ritmo como un corazón cantando vida mientras enfila sus pasos diarios hacia el fin decretado.

Que regrese el amor, a cuentagotas y a presión; lleno de palabras susurradas en celdas de silencio. Que regrese aunque duela, porque también en dolor se está vivo y se ama.

Y que vuelvan el sol y la luna; y la luz insolente y las noches eternas; la humedad y la tibieza del abrigo en el hechizo del viento y la nieve. Que vuelvan tantas veces como sea posible.

Que haya todavía aliento para murmurar tu nombre en la oscuridad; y que la memoria de suspiros y sollozos permanezca engarzada y firme en su lugar.

Y al final, que no muera yo sin llevarme el color de tus ojos impreso en los míos.

Así sea.




Photo by Kristoffer Jensen on Unsplash

viernes, 11 de octubre de 2019

Flotar entre las Horas. Un día.

"These are days you'll remember
Never before and never since
I promise".
Natalie and the Maniacs.


Flotar entre las Horas.

Entonces quizá este es uno de esos días en que te levantas con las fracturas menos rotas. Uno de esos en que pierdes la conciencia del tiempo desgranándose como terrones de mundo que caen al espacio.

Onceavo día, décimo mes; lo mismo da decir, "todo igual". Aun así, todos los músculos trabajan, todas las chispas viajan por su raíz. Es el día más especial de los días ordinarios, y viceversa.

Un día para buscar tréboles, un día para extrañar unos ojos. Luz y sombra para nadar en ellos, como una piscina a desnivel. A veces conviene sólo deslizarse y otras no hay más que saltar desde lo más alto y ser bomba humana y estallar sin nombrar nombres ni lugares.

Un día para trabajar sin prisa, o simular que te importa el trámite absurdo de ser productivo. Para cantar sin testigos, para morder las manzanas acariciando serpientes. Un día para ignorar adagios, cifras, acrónimos.

Sólo Dios sabe qué es el quinto día, o si es el sexto en realidad. ¿Qué pueden importar las reglas o las buenas costumbres? ¿Quién me va a dictar las instrucciones? No serás tú, ¿o sí? No, con tantos ladrillos de silencio trazando los días, ciertamente.

Y es también un día para callar, y para susurrar, y para decir en voz alta lo que jamás diremos al otro. Ninguna palabra pesa tanto como su vacía gravedad. A veces basta con el vuelo de una mirada. Otras sólo se anclan con una caricia, deliberada o accidental.

Lo que importa entonces es el día, tanto como ayer y mucho más que mañana. Es un día mío, es tuyo también, y es de quien quiera tomarlo. Sólo hay que dejarse flotar entre las horas, porque ese es el propósito de un día cualquiera: venir, estar e irse.






Photo by Tienda Bandera on Unsplash

jueves, 26 de septiembre de 2019

Que El Silencio Sea Todo. Un código secreto.

"And the sign said, 'The words of the prophets
Are written in the subway walls
And tenement halls'.
And whispered in the sounds of silence".
Simon, with Garfunkel.


Que El Silencio Sea Todo.


No sé medir el valor del Silencio.

Una pequeña implosión derrotando la tensión del agua, y eso es el Silencio: ondas concéntricas rizándose sobre sí mismas del centro a la orilla.

Sin embargo los silencios tienen su propia manera de decir cosas, ¿no es cierto? Será porque tengo oídos que no noto su lenguaje; o mejor, o peor: ignoro cómo no escuchar.

Hoy, ahora, no puedo evitar preguntarme. Si las ondas sonoras se convierten en chispas cerebrales, ¿existe un órgano para entender su ausencia?

¿Amas exactamente igual a alguien aun si no escuchas su voz?

¿Vale más no decir nada si sabes que es igual callar que increpar?

Hay tantas cosas en el vacío del Silencio, como planetas y objetos de hierro, piedra y gas y luz, nómadas en lo negro, que no podemos ver. Pero sabemos que están ahí, ¿no es verdad?

Acaso el secreto para saber lo que dice el Silencio sea callar, prestando atención. O escuchar, sin decir; el roce de la piel, el aliento en sus mareas; los latidos intentando sincronizarse en tímida charla; y separarse, vivir también y al mismo tiempo en la esquizoide nada de las pausas entre una cosa y otra y otra. Decir lo que se siente, y luego sentir lo que no se dice; volverlo un código secreto que habla no hablando; que es universo implotando; gigante roja a enana blanca: menos luminoso, más denso; más sí mismo.

En realidad, espero el día en que el silencio nazca del haberlo dicho todo. Deseo poder decirlo de una vez y para siempre, y que esté lleno de tiempo, y de noche; de saber que este rompecabezas está resuelto y que las piezas faltantes no necesitarán llenarse con palabras, o que estas se dirán por el amor a hacerlo.

Que el Silencio sea, al fin, Todo lo que No Es Nada.



Photo by Brett Jordan on Unsplash

viernes, 6 de septiembre de 2019

Silencios Atentos. El Deseo es Hermoso.

"Oh, but a man never got a woman back,
not by begging on his knees...".
Uncle Leonard.


Silencios Atentos.

Doy a mis párpados la pausa del silencio, porque mis ojos están hambrientos. La grieta, el último barrote en la jaula de mi pecho -en reconstrucción-, amenaza con ceder. Una aguja entró e inyectó calor al nuevo hielo, y se derrite.

Las manos se me ignoran entre ellas: una aferra, la otra se alza con miedo protector. 

Ninguno de mis sentidos es confiable.

Un millón de significados se ahogan en mi garganta, aunque la palabra sea sólo una.

El día entero es de malabares con las horas; de silencios atentos para intentar escuchar con la memoria.

Todos mis dones detectivescos fallan otra vez; todo mi instinto se ha oxidado con el rocío de las noches, de nuevo vacías.

No conozco arte marcial que me ayude a resbalar por esta pendiente con elegancia. Sólo puedo concentrarme en no caer, o esperar una razón para hacerlo.

Así que cierro los ojos y entrelazo las manos; canto las canciones más suaves posibles. Espero.

La manzana caerá, sol y luna se perseguirán como siempre. Y la lluvia, mi amante, vendrá vampiresa y se irá redentora.

Las palabras vendrán o no.

Deseo, y el deseo es hermoso.

Espero, y la espera es vida.

Como sea que la chispa prenda la mecha, sabré al menos que estuve vivo en la belleza de desear; la ternura, llena de gravedad, de recordar la voz, el sabor, el calor.

Sin duda, moriré con una sonrisa.




Photo by Ava Sol on Unsplash

lunes, 2 de septiembre de 2019

En el mar de gris. Desmenuzado.

Fall to pieces, I'm falling.
Fell to pieces and I'm still falling.
Everytime I'm falling down.
All alone I fall to pieces.
Velvet Revolver.


En el mar de gris.


El gris veteado corrió entre sus dedos, luego dos de estos fueron a mezclarse con los del pie, que recogió de entre los granos. No le sorprendió tanto, los sintió romperse al continuar caminando mientras el viento suave soplaba impasible, haciendo bailar las grises nubes.
Se sorprendió al notar que su piel no era gris también. Se sentía gris.
Y así comenzó, con la caída debida a la falta de sus apéndices más insignificantes. Sólo dio un paso y el equilibrio ya no estaba ahí.
Se dio cuenta entonces que no tenía ningún propósito conservarlos. Los arrojó indolente a un lado, y continuó caminando. En el horizonte, creía ver otra vez insinuarse un grupo de montañas o colinas, no podía juzgar el tamaño bien, dada la naturaleza fatua del espejismo. Así que sólo siguió en línea recta.
El viento arreció un poco y él no se dio cuenta de las hebras leves como telarañas que se desprendieron de su nuca, sienes y coronilla. Si hubiera sido posible tener una idea del tiempo, habría notado antes la hora, o algo así, en que todo su cabello desapareció en el viento y en el mar de gris en el cual ahora vivía, nómada.
Desnudo como estaba, no le importó no sentir frío en la brisa constante, ni calor alguno del sol velado por las nubes. La arena sin embargo era suave bajo sus pies, tal vez la única cualidad sensible. Seda moldeable bajo las plantas cada vez más suaves y tiernas.
El cosquilleo en su mano izquierda comenzó a continuación; sin dejar de caminar, apretó el puño y vio como sus dedos se separaban por cada falange, y caían sobre la arena sin posibilidad de acción excepto mirar y resignarse. Uno a uno, golpearon la suave superficie y quedaron ahí. Por supuesto que no se quedaría a mirar qué sucedía con ellos; sabía que no había fauna que los consumiera; quizá simplemente se desmenuzaran, célula a célula, molécula, átomo, o algo más pequeño si lo había.
Mucho tiempo después, tal vez una hora, tal vez un siglo, perdió un pie, luego el otro, y volvió a caer. No podía saber si el proceso se aceleraba, y aunque las colinas no parecían estar más cerca (ni más lejos, por cierto), no pensó siquiera en detenerse. En su mente que ya también perdía cohesión no había más que la necesidad de seguir, de llegar; si no a las colinas entonces a donde fuera que su destino se hallara.
Y así continuó, siempre hacia adelante, aunque cuando primero un antebrazo y luego el otro quedaron atrás, se dio cuenta que su avance sería cada vez más lento, o mejor dicho, más corto. Una decena, o tal vez centena, de “pasos” más –porque ahora avanzaba sobre los muñones del bíceps y acababa de perder una pantorrilla-, y comprendió que su vida ahora era no parar jamás, llegase a donde llegase. No había nada más en el universo que él y la arena gris interminable, y el viento acariciante pero siempre presente, deslizándose sin oposición sobre su piel ahora absolutamente lampiña.
No se detuvo por nada ahora, ni a voltear a ver sus muslos abandonados que ya parecían fundirse con la arena, disolverse con ella en la misma naturaleza, granos diminutos, eternos e incontables que algún día volarían por todo el cosmos o arderían en el abrazo de una supernova.
Mil años y quince minutos después, era un torso contorsionándose, como un gusano o una morsa sin miembros…

*

El viento acariciaba las colinas, y las nubes seguían corriendo sobre aquel desierto gris, calmo y apacible. Sin embargo el sol ya no brillaba, sólo una luna opaca como una catarata en el ojo negro de la noche dispensaba la luz suficiente para notar, entre un matojo y una piedra que bien podría proceder de esa luna lechosa, el pequeño bulto el tamaño de un puño.
Pulsaba, regular como un pequeño reloj olvidado en un cajón, en una llanura, en un tiempo pasado que nadie recordaba. A veces pausaba, como si se hubiera detenido para siempre, pero luego volvía a moverse, expandiéndose y contrayéndose una y otra vez. 
A un metro, la colina parecía aguardarlo. Milímetro a milímetro, o acaso aun menos, el bultito se aproximaba...




Photo by Kunj Parekh on Unsplash

lunes, 5 de agosto de 2019

La Canción del Despecho. Cuatro minutos más.


"...the beast won't go to sleep...".
Uncle Leonard.



La Canción del Despecho


Y mírate perdido en el groove de cualquier rola que surja. ¿Es escapismo? ¿Y qué si lo fuera? No hay nada que realmente requiera tu presencia, nada que tu mano pueda hacer.


La felicidad es un bajo más funky o más disco que cualquiera de estas palabras. La letra más simple es la Historia detrás de tu historia. Un rapeo puede ser molecularmente más denso que cualquiera de los días transcurridos, llenos de arrepentimiento y un riff puede ser un Universo entero. La felicidad dura cuatro minutos, y lo sabes. Pero cápsulas de olvido consecutivas hacen un gran perdón.


Mañana vendrán más preocupaciones, más caos con qué hacer malabares. Hoy no hay más que una sonrisa estúpida en tu cara, pero más sincera que todas las palabras que esperaste escuchar. Claro que el dolor seguirá ahí cuando vuelvas de Oblivión, ¿y qué? Esa es su función, estar ahí para recordarte que nada es para siempre, sin importar cuánto tu voluntad y tu esperanza se empeñen en engañarte.


Es amor furtivo, la clase más pura. ¿Quién es portadora de unos ojos de hoyo negro, que pueda superar ese instantáneo revolcón…? ¿Qué pueden significar todas sus promesas, todas sus demandas absurdas de precisión alquímica, todas sus obsesiones elektricas, su manipulación inconsciente disfrazada de ingenuidad?


Tal vez por eso no estés dispuesto a pagar el precio de un amor que dure. Ya tienes un amor; y puede ser tan dulce y tan perverso como el de ellas. Y puede doler y lastimar tanto, pero durante menos tiempo. La siguiente vez puede ser éxtasis, o también puede ser peor que la anterior. Al final sobrevivirás, sabiendo que has vivido.


Y si en algún momento te das cuenta que estás siendo egoísta, piensa en las veces en que olvidaste todo por una mirada, abandonaste cosas por un imposible beso; las veces en que te culpaste por no ser suficiente; piensa en las promesas que no quisieron cumplir, en lugar de las que tu no pudiste siquiera hacer.


Las palabras que quieres decir y no puedes, están ahí. Tantos “te amo”, tantos “te olvidé” como quieras; y repetidas tantas veces que revelan su verdadero significado: sólo por cuatro minutos. La Música es amor: real pero efímero, pero eterno, pero imaginario. Posible y probable, más incluso que las palabras y las caricias, y ese inalcanzable parasiempre que miente desde el instinto. Ella sí te cura, y sabe cómo hacerlo. Y por qué.


Y cuando sientas el vacío quitándote el aire, y cuando la memoria te tire de las perneras; cuando la culpa y el arrepentimiento te inyecten el odio a ti mismo -otra vez-; cuando los labios te pidan dar tu alma en sacrificio, vuelve a ella; ella sabrá abrazarte y lamer tu sonrisa.

Ella es el único Amor que tendrás.





Photo by Shawn Tung on Unsplash

viernes, 5 de julio de 2019

Chin Up. Vivo e impermeable.

"Read between the lines
What's fucked up and everything's alright
Check my vital signs to know I'm still alive
And I walk alone".
Billie Joe walks.


Chin Up.

Entonces, bum. Génesis 1, 1, versión dos punto cero. Las pupilas se dilatan y los grises y azules me dicen lo que la sospecha no pudo: No queda nadie más que yo.

De pie en este montículo, entre cuesta arriba y cuesta abajo y "me-cuesta-tanto-olvidarte". Soy el único.

Mi voz oscilando entre lo súper y lo sub, sólo sónica si digo sí, ratónica si digo no; subatómica si osara decir s.o.s.

Pero, ¿quién tiene manos que le sobren, u orejas de emergencia? Sólo yo, el que siempre flota con la sonrisa de madera balsa; sólo él que tiene la palma hacia arriba.

Sólo yo, con problemas como enanas blancas y un hoyo negro recién nacido en el centro del pecho. Apenas despierto de un sueño húmedo y cálido a la pesadilla de lo cotidiano, de lo que mejor conozco, del Yo como única referencia.

Pero más duro. Más amargo.

Riendo aun en las caras, de las bromas, las obscenidades y picardías; por las cosas pequeñas que más valen. Con la voz serena siempre en el mundo y la vigilia;  el rugido y el suspiro entrecortado en el silencio de mi guarida.

Como un muerto adelantado esperando paciente. El pulgar jala el gatillo, y otro tiro de muerte llega hasta los pulmones. Otro amanecer, otro día más cerca del final y del descanso, y la enmienda del error de nacer y seguir vivo.

El pecho de acero; el eco rebotando como átomos dementes por dentro, murmurando un nombre inverosímil; rogando un perdón imposible; reprochando un amor de papel de aluminio dentro de una lata de pastillas de canela.

Vivo por inercia.

Sonriendo la máscara.

Caminando con la barbilla en alto, por ninguna otra razón más que porque no hay nada más que hacer ahora.

Pero vivo e impermeable.

El corazón en la basura, aun late.




Photo by Wolfgang Rottmann on Unsplash