sábado, 20 de febrero de 2016

Noches frías bajo la Luna de Tarnesia...

Pues bien, he aquí lo prometido aunque no todo. Para bien o mal, la fecha exacta de mi participación en el Concurso de Ciencia Ficción está perdida en mis archivos, queriendo decir por supuesto, el desorden que los conforma. Pero aquí está la historia, que a fin de cuentas es lo que importa.
Al quedar descartada, quedó prácticamente arrumbada entre los datos de mi computadora personal, pero siempre estuvo ahí, bajo el nombre "The Next", ocultando un significado ya olvidado. Para fines de su publicación en este foro, he cambido el título original por algo menos críptico. Ojalá les divierta o entretenga, poque precisamente ese es el fin, a mi parecer, de historias como ésta, por mucho que contiene una mínima reflexión sobre una idea que ha pasado a formar parte de mi credo personal: Para bien o para mal, la Guerra es el motor que hizo al ser humano alcanzar su estado actual, y quizá lo hará en el futuro. Ojalá les guste, y por supuesto me encantaría cualquier forma de retroalimentación, incluso una crítica despiadada. Después de todo, si fuera una película B tendría un título como... mejor adivínenlo ustedes. :)



Luna de Tarnesia.

-Así es, colegas y camaradas... Todo ha sido desarrollado gracias a la guerra.
     El Profesor Beckinsley devolvió la mirada de desesperación de todos, después de todo, el también estaba desesperado. -Piensen un poco, -prosiguió- sobre todo en el fascinante siglo XX: el gran salto hacia lo que una vez fue "la aldea global"... ¡Debió ser fascinante estar ahí, ver cómo año tras año el mundo empequeñecía...! ¡De las ruedas de caucho al neumático! ¡El video! ¡El rayo láser! ¡La energía atómica! ¿Saben que en un principio los científicos del Proyecto Manhattan no sabían si la reacción en cadena no tendría fin? ¡Imaginen la audacia de esos hombres! Y todo por una guerra mundial, una revuelta, comparada con la Revolución de Io... ¿Y qué fue lo que resultó de esa "espantosa matanza" de diez millones de colonos jovianos? ¡La bomba AM! ¡La clave del viaje interestelar, la propulsión a base de la conflagración entre materia y antimateria! Ah, no saben que afortunados...
     La expresión del rostro del Profesor cambió de desesperación a puro terror... Fácil de imitar.

*
     Del Boletín Holográfico: Misión de Investigación #2-Stohn (Rigel 17). Notas de León Dos Santos Pereyra, Doctor en Antropología:
     En los bosques de Tarnesia, sector prácticamente microscópico de la pequeña pero exótica colonia de Stohn, existe una especie que ha cautivado a los naturalistas. Desde aproximadamente ciento treinta y un años no se descubría una especie como el lobo de Tarnesia. Mucho era debido a las condiciones hostiles y en aquel entonces penosas de las colonizaciones, pero el lobo de Tarnesia, el famoso Xenopseudocanis Smytheii, causó sensación. Los naturalistas imaginaron el potencial evolutivo de un cánido con un pulgar opuesto y luego cayeron hacia atrás como reglas... los legos inventaron historias macabras. Gente tonta.
     Los primeros encuentros fueron fatales, como es natural cada vez que en un planeta o luna recién colonizado el ser humano se topa con una especie salvaje, depredadora y desconocida como en el caso del X. Smytheii; un colono muerto y un científico... digamos, herido. Pero al estudiarlas desde la distancia, fue posible apreciar el comportamiento de las "manadas". Por supuesto, ante el descubrimiento de un pseudocánido cuyas congregaciones manifestaban una estratificación social, distribución de las presas cazadas en comunión y lo más asombroso de todo: una división del trabajo, las mandíbulas de los científicos cayeron.

*
     El Profesor movió la automática de un lado al otro, mientras hacía una pausa evidente, señal de que iba a sumirse en otra de sus peroratas; no obstante, la amenaza de sufrir una herida por disparo de arma fue un poco más temida que soportar la dilecta histeria del ahora enloquecido catedrático.
-Esto prueba mis teorías ahora, ¿eh? Por lo tanto yo tengo la razón esta vez... ¡Je, je! Los  hombres de las cavernas... No hacían más que correr y gimotear cuando un tigre o un... (je) los cazaba... Hasta que inventaron las flechas. Los antiguos se exponían a fracturas masivas, pero no dejaron los caballos como medio de locomoción hasta que se inventó el automóvil... Después de ese hecho particular, las guerras se volvieron cada vez más sofisticadas... ahora los campos de batalla son informáticos, pero las infanterías invasoras siguen marchando una vez que todos los sistemas vitales han sido neutralizados con virus... La Internet original desapareció por eso, todo mundo lo sabe... Material básico de texto, un general alguna vez me dijo-. El profesor pareció tomar aire, pero lo expulsó en un suspiro entrecortado. -¡Los militares! Ellos han controlado todo desde los albores de la civilización... ¡Y me dicen a mí paranoico, ¿creen que no lo sé?¡ Pero eso no importa ahora, ¡¿eh?!- el profesor dio una pequeña patada al cuerpo del Coronel Pacheco. El cadáver pareció mirarlo, sin rencor, sin mofa, su mirada fija parecía más de curiosidad. O quizá era la comprensión final que sintió cuando el Profesor Beckinsley irrumpió en la reunión y le disparó a quemarropa.
*
     La  preparación se podía sentir en el aire. Era tan absoluta que casi parecía engendrada por una conciencia colectiva, aunque el motivo era simplemente la sed de sangre. El gruñido grave y de una frecuencia prácticamente subsónica comenzó en un momento, y todos los escuadrones se enteraron al mismo tiempo de que el momento de atacar estaba  próximo.
         El líder revisó nuevamente sus correas. No quería que algo saliera mal en medio de un ataque...
*
-Se atrevieron a pensar que podríamos encontrar una manera de controlarlos. ¡Maldita sea, apenas podemos comprenderlos!
     El hombre resumió toda la situación en su gesto. Se recargó -o más bien se derrumbó- contra la mesa central. Pudo sentir la energía contenida de los tres investigadores más jóvenes, y por lo mismo alzó la automática de nuevo. Una herida de una automática de pulso de cuarzo no es divertida, y menos del tipo que controla el ejército.
-Escúchenme con cuidado. Todas las historias son ciertas, o al menos parcialmente. Pacheco y yo discutimos anoche... Su estado es comparable al Cro-Magnon ahora. No me explico cómo, pero han aprendido... ¡Escúchenme por favor...! Tienen los medios... Nos aventajan en número... Tenemos que salir de aquí...
     Y de nuevo el Profesor cayó, fue acaso un traspié‚ o la falta de ejercicio en un hombre un poco más allá de la mediana edad, que acababa de tomar por asalto una tienda de campaña y asesinado a un militar entrenado. A fin de cuentas, sólo importaría el que Beckinsley titubeó más de lo debido. White, el doctor de la misión avanzó, y junto con él Joel, uno de los asistentes del laboratorio de xenogenética, que lo golpeó y sujetó, mientras White intentaba desarmarlo. Todos sintieron un poco de alivio, y algo parecido a la lástima por el pobre hombre. Los alaridos de furia -¿o era acaso terror?- del hombre crearon el clima perfecto. Una vez que se extinguieron, un aullido grave, terriblemente familiar, tuvo la magia espeluznante de callar y paralizar a todos.
     El Profesor Barrence William Beckinsley, antropólogo jefe de la expedición a Rigel 17, sin embargo, comenzó reír.
*
         “Las unidades de custodia del Ejército Terrano cayeron, sin el mando de Pacheco. Por su comunicador se oían los frenéticos "códigos de alerta" y la horrible confusión de los que cayeron. Gritos, disparos de armas de plasma y rifles de pulso. Todo esto lo capté como ruido de fondo, y me di cuenta que la protección militar no serviría para nada.
     En  la tienda, yo estaba agazapada bajo una mesa, y veía todo el cuadro de horror. Después de eso solo vi la enorme... la cara frente a mí, y luego la cosa gruñó, con las fauces ensangrentadas. Y en su pata eso llevaba...toda cubierta de sangre, astillada...
     Entonces comprendí qué eran ahora, y lo que iba a suceder con nosotros. Éramos los depositarios de un secreto  terrible, y el secreto debía permanecer guardado”.
     La grabación termina aquí, la Doctora Nilssen (Asistente de Xenobiología), entró en estado de shock a las 04:00, hora de Phobos, y falleció siete horas más tarde, como resultado de las múltiples lesiones.
*
     Extracto de las notas del Dr. Dos Santos, no anexadas a Información expedición de Reconocimiento #3-R17/TS. Clasificadas como Alto Secreto:

     Curioso como incluso los científicos a veces creemos lo que desesperadamente queremos. Me refiero a la suposición del "aprendizaje y asimilación", de Beckinsley. Y principalmente se debe a este incidente: un artefacto curioso apareció entre los restos de la referida expedición del 3068, a la que Beckinsley y su equipo fueron, y de la cual solo regresó la Doctora Nilssen. Es simplemente una estaca, pero con un par de particularidades curiosas. Tiene correas, y la base está  forrada con lo que parece cuero de Xenuro, el pseudobóvido que los primeros colonos encontraron, y que los pseudocánidos aún cazan, al parecer. Según los análisis espectrales, es antigua, más de doscientos años. Beckinsley comentaba (por supuesto, el hombre estaba certificadamente loco, a juzgar por sus acciones) que había avistamientos de los pseudocánidos "usando estas como una especie de daga" y luego especulaba que habían aprendido tal cosa de los primeros colonos. Imbécil. Si fuera esto posible, imaginen tan solo lo que podrían hacer a futuras expediciones con todo el armamento perdido en esa expedición. Ridículo.

sábado, 13 de febrero de 2016

Matt. Un poco de curiosidad...

Hace algunos años (prometo consignar la fecha exacta en la próxima entrada), tuve el gusto de participar en un concurso de Relato Corto de Ciencia Ficción organizado por cierta revista cuyo reino abarcaba en gran medida esa nebulosa llamada Cultura Popular. El resultado final no fue tan halagüeño como anteriormente, pero considerando que el número de participantes alcanzó la decena de miles, encontrar tu nombre en la posición treinta y dos no estuvo tan mal, mirado con filosofía. Bien, eso y el hecho de que nunca antes había incursionado en la Ficción Científica, que es el término correcto, por cierto. La razón principal es que, por mucho que valore el método, pues bien... científico no soy.
En realidad, la cuestión dependió más de otras circunstancias. Primero, los requisitos. El texto debía ser realmente breve (unas cuatro o cinco cuartillas), en Times New Roman 14 y a doble espacio. O algo así. Lo cual, según pude averiguar, reduce el número de palabras a... no las suficientes. Y luego está el tema poco familiar (leer Ficción Científica es una cosa, lidiar con un toro robot, es otra), así que me decanté por lo más familiar: el Terror. Al final la historia que escribí originalmente resultó demasiado larga, cerca de once cuartillas, y a pesar de que me gustó mucho en lo personal, no podía evitar sentir cierto resquemor. El tema, los personajes, incluso los mismos diálogos me sabían a una extraña cruza entre Película B y una de esas películas ochenteras llenas de humor involuntario y tripas de hule derramadas. Así que, como buen Comunicólogo, descarté lo hecho y cociné en el microondas algo más breve y mucho menos explícito, esperando que cobrara cierta elegancia. Quizá fue eso lo que me ganó la posición 32, y no uno de los cinco premiados, pero bueno, requisitos son requisitos.
A continuación reproduzco la segunda historia, que adaptada a este formato resulta hasta atrozmente breve. El ánimo es un poco juguetón aunque mucho menos que la próxima entrada, y aun le tengo cierto cariño porque homenajea e intercala muy superficialmente algunas ideas de otros autores que encuentro fascinantes, unas tremendamente obvias, las otras... pues descaradas. Una aclaración: tan decepcionado como estoy de la adaptación filmica del "Yo, Robot" de Isaac Asimov, esta historia fue hecha mucho antes y cualquier parecido con cualquier idea es, sorprendentemente, solamente accidental! :) Ojalá les parezca divertida...


UN POCO DE CURIOSIDAD.

El Doctor Ochoa sonrió, y miró contento al UAM-23, mejor conocido en la casa como Matt. En el monitor todos los sistemas decían simplemente, OK. La Celda Neuronal funcionaba al parecer de maravilla.

*

-No sé, Anthony, esto no es como un holovisor o algo así, estamos hablando de darle una vida propia a una máquina-, Pierce se removió en la silla, y mordió su sándwich nostálgicamente.
-No te exaltes, Pierce -el Doctor rió quedamente-, es solamente un circuito en su cabeza, algo que imita vagamente el funcionamiento de un cerebro humano. Matt piensa como una persona ahora, es todo.
-¿Que hay del Protocolo Asimov?- dijo el muchacho retadoramente.
-¿Qué hay con eso?- replico el Doctor, -el Protocolo sigue ahí, es parte de su configuración. No es como si lo hubiera borrado...
-Pero ahora piensa, Anthony, es una variable nueva; ¡quizá incluso sienta!- Pierce traicionó su entusiasmo, con su súbito cambio de posición una rodaja de jitomate cayó al piso.
-No fantasees, Pierce, esto no es una de las películas de mil novecientos cincuenta y tantos, mucho menos una novela de Shelley... le compramos a Matt inteligencia artificial, no un alma...
-Eso seria cool, un alma artificial, mejoraría en mucho los androides de.. entretenimiento...
Ambos rieron de buena gana, en parte por la observación, en parte porque una gruesa gota de mayonesa  cayó en la bata del muchacho.

*

Desde el día de la activación de la Celda Neuronal, Matt fue cobrando conciencia de muchas cosas. Como el Doctor lo esperaba, la reacción del androide fue fascinante, pasando la primera semana absorto en las cosas más nimias, o comentando como un niño asombrado cada suceso, gesto o impresión que adquiría. Pero había algo que confundía al “joven” ser vivo artificial, y era algo que había leído entre las miles de paginas que devoraba. Se llamaba “Ligeia” y era una historia de un autor prácticamente desconocido, pero al parecer bastante popular hacia dos o tres siglos. Trataba de la muerte.
         Imbuido de una nueva necesidad, que el Doctor con una sonrisa había llamado “curiosidad”, Matt se preguntaba todo acerca de la muerte. Fue cuando decidió que debía hacer experimentos. Dentro de él esto lo llenaba de una rara sensación, quería experimentar, pero temía hacerlo. Algo en su memoria lo frenaba. Pero al fin la curiosidad fue mayor.
Ahora estaba un poco mortificado, sobre todo porque el Doctor extrañaba a Silvio, su hámster. Silvio fue interesante como experimento. Matt quería mas, sin embargo; los últimos chillidos de Silvio no le dijeron nada.
Matt tomó al pequeño insecto que tenia en una caja de Petri entre sus apéndices dactilares. Lo observó fijamente, y luego ejerció presión. Este pequeño ser no hizo ningún ruido. No se movió siquiera. Matt no estaba satisfecho. Se sentó en un pequeño banco y miró por un tiempo su “mano”. Su mente divagaba raudamente entre causas y efectos, circunstancias y particularidades.

*

El Doctor Ochoa recogió el pequeño desastre con una hoja de papel. Uno más. Ya no podía seguir negando la evidencia. Debía tener una platica con Matt, acerca de la preocupación que a menudo lo hacía al androide permanecer inerte por horas enteras. Incluso estaba olvidando sus quehaceres en el laboratorio. El germen de una sospecha comenzaba a crecer, pero la idea era tan atroz... no podía afrontarlo. Se encogió de hombros filosóficamente, y siguió con los análisis de sangre pendientes.
            En la sala, Matt observaba a fijamente a Pierce, calibrando sus movimientos, su fuerza, la resistencia que podría oponer. Lo primero que entendió es que Pierce acaso chillara un poco más.

viernes, 22 de enero de 2016


(Días Innumerables).
 
I
 
Bienvenido sea el ciclo,
maldito sea yo.
 
Cómo voy a negar que extrañaba
este aire lleno de tu ausencia,
esta robusta esperanza
en cosas que ya no existen,
nuestro romance de cómic.
 
Excepto que ahora sí veo
-dolly out, zoom out-
la distancia real,
todas las veinte millas.
 
¿Y qué más hay en existencia
que fumarme la resignación
y olvidar el verbo coraza
cada vez que te haces carne?
 
II
 
Voy a guardar el calor entre las hojas de un libro,
y a desear que sientas frío donde estás.

 
Abreviaré los sorbos de tiempo que pueda tomar,
para después beberlo contigo sin prisa.

 
Voy a ignorar tu silencio y a untarlo con paciencia
en honor de tu felino ronroneo.

 
Ignoraré el dolor de mis brazos y el ardor de mis manos,
y la indeleble memoria de tu boca… 
 
Voy a tatuar tu nombre en mi paladar y saborearlo,
y así convertir mis murmullos en verdades.
 
Y aunque se que volverás otra vez otra,
sabes que tengo listos los disfraces.
 
Pero no voy a ensuciar mis rodillas,
no voy a juntar mis manos sin ti entre ellas…
 
Si no vuelves, no vuelvas;
ni vuelvas a volver.
 
III
 
Pongo los dedos de mi obstinación
sobre los labios y los recuerdos;
que tu lengua de vainilla contenga
lo que ya se de nuestros días.
 
IV
(Sinoepíteto)
 
Odio tu ausencia con
10,000 kilowatts de puro cinismo.
Odio el fuego de magnesio,
la ventana vacía, tu fuga de hada.
Odio mis brazos tan cortos
ymi hombría tardía diluída en razones.
Odio cada piel que no es la tuya,
te quiero a ti,
te deseo
a
ti.
Chingao.
 
V
 
Mientras la herida se abre
me pregunto –sin renuencia-
dónde fue el oxígeno
y dónde el aire.
 
Qué pasó con la luz
de tu voz suspensión:
vacío en mis oídos,
campanas tubulares para la retina.
 
¿Dove are vous, liebchen?
¿En qué cama recuperas el aliento,
o qué café bebe de tu azúcar?
Yo aquí, jugando a Edipo El Esfinge…

 
Y me pregunto sin renuencia
cuánto pides por mi silencio,
qué tanto codicias mi inerte piel,
cómo extrañas lo que no te prometí.
 
En mi centro concentras
lo que el aire usurpó tras de ti,
tiempo el virus del alma,
y ahora soy portador y vector.
 
En tanto, pues, la carne se abre
déjame paganizarte
Señora de La Verdad,
Santa Katyushka del Segundo Perdido.
 
En los minutos lánguidos,
en este mar de tu ausencia,
aun renuentemente
me pregunto si me amas.

viernes, 1 de enero de 2016

La Verdad entre Los Días, parte 3. Donde el Lobito descubre por fin que aulla en vano, y olvida numerar los dias.


Aquí tenemos entonces la tercera y última parte de La Verdad entre Los Días, la próxima entrada será una especie de apéndice con los Días Innumerables, breves ocurrencias que forman parte de esta piececita pero... carecen de fecha.
 
 
Al Otro Lado Del Segundo Perdido.

 
 
Llueve en tu sueño y mi vigilia,
y el diluvio se une a tu humedad
y yo ansío frescura en las manos.
El viento te lleva mi sorda rabia
y cada violento latido que lato impasible,
el lento compás de mis labios en tu lunar.
Cada trueno y relámpago explican
el miedo a un tiempo que no tenemos,
el vacío de un futuro en tu cuerpo,
el invisible llanto hemático por ti.
La luna es un satélite verdadero,
tuyo y mío y sirve
para no morirme del veneno de tus ojos,
para no deshidratarme
bebiendo tu ausencia de siempre.
Me faltas (ay, y cómo):
Estoy trozado,
soy un rompecabezas eterno y tu eres abismo
y no tengo manos, boca, vientre
ni tu alma llenando el espeso hoyo negro
que se llevó tu luz de mis ojos.
Quiero doblar el universo y encontrarte
al otro lado del segundo perdido,
comenzarnos de nuevo
a partir de tu boca,
nadar en el delta que olvidé;
darte la piel, las entrañas,
tomarte del corazón y guardarte
en el cofre de mis celos.
Me faltas (por Dios, cómo)
aun bajo la misma luna.
                                      280809.
Condo Machine.
(maquinatuyamianuestra)
 
Siento detenerse nuestro engrane,
esta lluvia de aguatiempo
colándose entre las pieles,
volviéndonos sonrosados peces.
Ayer cerraste la ventana,
y con la luz ausente
tu máquina la mía nuestra
aprendió el silencio de nuevo.
lucho por llenarlo con estos insectos.
Letras como las cuentas de un rosario
nadando en la fé de un solo hombre;
fé única, fé aislada, fé improbable
de un verde más bien pálido.
Fé a fin de cuentas, un repecho
a mitad de la caída,
un sistema de imposibilidades
condensadas en tu cuerpo “al dente”.
En ratos de nicotina duermo,
y en el sueño me repliego;
mirando azorado y con los pies helados
la insensatez de querer quererte.
Veinte millas, quince años,
mi inútil Vietnam contra la Vida
y una niña que sangra su miedo,
llame ya y obtenga dos ojos, laberintos.
Luego miro el desierto de mis brazos,
y reconstruyo la sal de tu saliva.
Vidente me veo, único y propio presagio,
a menos que cuente la plata en tu sien.
Y porque me sabes paciente
mantengo este aceite fluyendo,
mis ojos de camaleón turnándose
la máquina y la ventana.
No tardes mucho en abrirla.
Tienes hasta mi muerte.
                                      0909

viernes, 25 de diciembre de 2015

La Verdad entre los Días, parte 2. Donde el Lobito sigue aullando a una Selene cuadrada, por supuesto en vano.


La Novia Etérea.
 
Mi novia se fue,
se hizo moonie,
se evaporó,
se fugó con el circo,
es capo de la mafia
y defraudó al fisco.
Mi novia murió,
se mató, se piró,
se cortó y vomitó,
no salió del quirófano.
Se estrelló con James Dean,
disparó con Cobain,
se quemó como Jackson
y como Janis también.
Mi novia no existe
no fue, no es, no se;
no me dice ni me hace,
ni siquiera me lo hace.
Mi novia es un hada,
una momia, un pitufo,
es Natalie Portman
envuelta en Democracia.
Mi novia no es bonita
ni guapa ni está buena,
no es modelo ni puta ni esposa de nadie,
no es nada,
no es nadie;
namos…
Ni siquiera es mi novia.
                                      240709.
 
 
 
Quédate Quieta.
(Penélope y La Kaaba)
 
Quédate ahí mientras me construyo,
mientras busco el qué y el cómo
y los convierto en para ti.
Quédate quieta y no desesperes,
que no soy el alquimista
ni el hombre del Fedora,
no se usar la Fuerza
más de lo que me usa a mí.
No vayas tan deprisa,
al fin y al cabo
ya tienes más camino que yo.
No te vayas ni aunque me pierdas de vista,
quédate,
y sé después dueña, dictadora,
Emperatriz, diosa,
Carrie o Natalie,
no me importa.
Pero quédate, aguarda,
teje los años futuros
en lo que mato dos o tres
mil troyanos.
Quédate, espera por mí,
te imploro que no me hagas rogar.
¿Cómo voy a volver a dónde sea
si no se dónde pisas,
si no se dónde eres el norte,
si te llevas la Kaaba entre tus senos?
Por eso espérame, quédate ahí,
quieta por siete días;
voy, creo un mundo y regreso,
para que hagas la luz.
                                      130809.
 
 
Al Otro Lado Del Segundo Perdido.
 
Llueve en tu sueño y mi vigilia,
y el diluvio se une a tu humedad
y yo ansío frescura en las manos.
El viento te lleva mi sorda rabia
y cada violento latido que lato impasible,
el lento compás de mis labios en tu lunar.
Cada trueno y relámpago explican
el miedo a un tiempo que no tenemos,
el vacío de un futuro en tu cuerpo,
el invisible llanto hemático por ti.
La luna es un satélite verdadero,
tuyo y mío y sirve
para no morirme del veneno de tus ojos,
para no deshidratarme
bebiendo tu ausencia de siempre.
Me faltas (ay, y cómo):
Estoy trozado,
soy un rompecabezas eterno y tu eres abismo
y no tengo manos, boca, vientre
ni tu alma llenando el espeso hoyo negro
que se llevó tu luz de mis ojos.
Quiero doblar el universo y encontrarte
al otro lado del segundo perdido,
comenzarnos de nuevo
a partir de tu boca,
nadar en el delta que olvidé;
darte la piel, las entrañas,
tomarte del corazón y guardarte
en el cofre de mis celos.
Me faltas (por Dios, cómo)
aun bajo la misma luna.
                                      280809.

viernes, 18 de diciembre de 2015

La Verdad Entre Los Días. (Parte 1). Ahora sí, pongámonos personales.

Al leer ésto, sabrán que de alguna manera estoy fuera de mi elemento. Sin embargo, éste es el formato en que operan en mí estas cuestiones generalmente, y bien, es lo que hay. Posteo esta serie de... no sé como llamarlas, quizá cosas-no-cosas, no-poemas, reflexiones, realmente ignoro lo que son, simplemente por capricho y porque tengo muchas ganas de verlas aquí. Originalmente están destinadas a alguien y a su manera cuentan una historia, pero he borrado nombres directos y demás alusiones porque en realidad lo que importa es, como siempre para mí, el resultado y la cápsula de tiempo. Aquí la forma lo es todo, y tanto, que es tiranía. Al mal paso dicen, darle prisa...


Eureka (Por y para A.)
 
Sentirte es un lento vaivén,
mareo de tenerte.
De oírte,
de verte.
Estoy fascinado de pensarte
bailando en mi cabeza;
revolviendo mis neuronas
con el tiempo, mi memoria.
Como tenerte en los brazos de la mente
y luego no saber qué hacer,
ni con ellos, ni contigo.
Así que busco en los cajones
de las notas
y las letras
y me flagelo suavecito:
“No me hagas cerrar otra puerta”.
Estoy fascinado de sentirme
revertido;
la cabeza a ras del agua
y aun así sintiendo sed.
Y allá estás, construyéndote,
reinventándote
y muy posiblemente
dejándome atrás.
Pero he tomado la decisión
de ser otro
y no ser
como los otros que fui antes:
puedo nadar para siempre.
Si algún día el agua dulce
me llega a la boca
beberé
y serás bebida
y serás bien libada.
Si floto para siempre
que así sea, pero no esperes ver una balsa.
Mi amor también se rige
por el Principio de Arquímedes.
                                               23/07/09.
De La Nula Gravedad.
 
Esto no es poesía.
Estos son mis ojos vacíos,
vaciados.
Huídos.
Esto es un hoyo en el pecho
de un hombre que no puede serlo.
Esto es el eco de mil bocas
que nunca supieron a azúcar o limón,
o cigarro, o cerveza.
Es la crónica de un beso
diluído.
Marchito.
Corrosivo.
Indeleble.
Es el roce cotidiano,
arriba.
abajo;
Un ritual obsceno y delicioso,
exorcismo pop
que evoca y humilla
el origen y la muerte lenta.
Esto no es,
no puede ser un poema,
Porque no hay poesía en vivir,
ni la hay en amar;
esto es un maullido,
un gruñido sordo,
un estertor eterno
que tirano y megalomaníaco
te impongo a ti
y a todos los demás.
Así que no leas esto
esperando unicornios o revoluciones,
o mares de sudor y semen,
princesas tristes
o rimas arjónicas
porque esto no es poesía.
Esto es en realidad
el recuento de una caída libre,
sometida sin embargo
a tantos rescoldos,
al esperar
una raíz,
una piedra,
unos pechos,
unos ojos o cualquier cosa
que anule la gravedad.
Esto no quiere ser poesía.
Esto quiere sangre
y quiere sudor
y quiere ser la sustancia,
la receta de las pesadillas.
Esto quiere ser navaja.
Esto quiere ser revólver
y una boca enferma,
una sonrisa de novela negra
viajando por unas medias o un liguero.
Esto quiere ser yo, contigo.
Pero no puede ser.
Porque eso…
Eso sí que sería poesía.
                                      29/07/09.
 
Pago Mis Deudas. (Para Katya.)
 
Me envuelvo entonces en tu silencio
deshojando la paciencia;
Te espero en mis sueños.
La revolución de mi alma debe continuar.
Mis ojos se duermen,
quince días, diez horas, un minuto
y quince años quince mil
enhebrando tu sabor
e hilando el triunfo de tu cuerpo,
la derrota del reloj que llevo en el pecho.
Pago mis deudas pero preferiría
una libra de carne
a esa ventana llena de luz,
vacía de tu nombre.
Me sentaré y diré mañana
aunque tome mil cigarros,
aunque el tiempo nos rebase otras quince veces,
aun a pesar de ti
y de tu risa en otro mundo.
Te lo debo.
Pago mis deudas pero preferiría
tuyos carne y reloj,
tuyo yo,
tú y yo.
Te siento en mis compases
y me diluyo inmóvil
en el agua que nos separa.
                                      010809.
 
Continuará.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Fue hace algún tiempo, pero no tanto como parece, que entré en contacto por primera vez con la obra del llamado Gran Maestro del Terror, mejor conocido en los círculos terrenales como Stephen King. O viceversa, no estoy muy seguro. Después de no mucho cavilar, llegué a la aparentemente sana conclusión de que era... demasiado adolescente americano. Por aquel entonces, obviamente (?) el fantasma de la "Literatura Seria" de mi educación media superior, donde Dios se encontraba encarnado en García Márquez e Isabel Allende era la nueva estrella, aun rondaba los pasillos y arruguitas en mi juvenil cerebro.
Entonces, a instancias de una amiga muy querida, y más aun por ello, tuve a bien leer Firestarter. La sabiduría popular declara tajante que "es de sabios cambiar de opinión" y de igual manera nos conmina encarecidamente a jamás decir: de esta agua no beberé. Y aquello de nunca digas nunca, creo que el punto es evidente. La epifanía estaba oficialmente declarada y el segundo sujeto de mi Trilogía Patronal había llegado a su destino. El viejo Caballero Xenófobo de H. P. L. avisó que llegaría fashionably late, pero la suerte estaba, como dicen, echada. Y para bien o para mal, el señor King se convirtió en mi personal Maestro del Terror.
Toda esta diatriba viene a colación precisamente con la idea central de esta semana. Teniendo como he el obsceno hábito de revisitar mi biblioteca, que consiste básicamente en aquellos libros considerados clásicos juveniles, casi todos los tomos de la ochentera colección Horror de Gran Súper Terror de Roca, Poe en ambos idiomas, Mary Shelley, Anne Rice, et cétera, Y Stephen King en varias modalidades, he añadido además el formato digital. Lo cual significa prácticamente los mismos autores arriba citados, más otros no referidos, pero leídos en mi tablet.
Entre esos libros hay una enorme dosis del habitante favorito de Maine, uno de ellos el hasta ahora inexplorado Night Shift. En donde aparece precisamente el objeto de reflexión que me ocupa en este preciso instante, esa sana dosis de autocomplacencia llamada: El Prefacio.
En pocas palabras, el Teacher acapara la atención del lector - entiéndase Yo- que, dicho sea de paso, ya tenía y ofrece una breve cátedra-diagonal-justificación sobre lo que algunos tenemos la osadía de llamar Literatura de Terror. Nos dice, e intentaré ser breve a riesgo de ser impreciso, cómo esas dos figuras de sombras, la Muerte y el Miedo, han sido abordadas por los Grandes Literatos Serios, y cómo éstos se colocan en el lado racional. Asimismo declara desvergonzadamente que aquellos que en efecto se dedican a la prosaica tarea de forzarte a "ver el accidente carretero", se ubican en la frontera entre realidad e irrealidad. Suspensión de ella, damas y caballeros, he ahí según mi humilde -mejor dicho, paupérrima, acaso lumpen proletaria- experiencia causa del Efecto Unico y Singular del que el Maestro Poe hablaba. Entre línea y línea, King me explicó, no sin hacerme sentir decepcionado de mi esfuerzo, la mecánica del Miedo y su necesidad de habitar en un entorno interesante. O en Español, que la historia debe ser interesante e intensa para ser efectiva.
Y he ahí el asunto. En mis intentos hasta ahora hay muertos a granel, caray, como si los regalaran, pero me he puesto a dudar de mi capacidad para inspirar verdadero terror. ¿Es el Terror lo mío, o me veré forzado a por siempre contar historias aburridas de vidas insignificantes hundidas en lo gris? Misma Bati-hora, mismo Bati-canal. Resolvamos el misterio.